Un estudio del biólogo Dennis Bramble, de la
University of Utah, y del antropólogo Daniel Lieberman, de la Harvard
University, sugiere que los humanos evolucionaron abandonando a sus ancestros
simiescos porque necesitaban correr grandes distancias, quizá para cazar
animales o buscar carroña en la vasta sabana africana.
Fue esta habilidad
de correr la que dio forma a nuestra anatomía, haciéndonos tal y como somos
ahora.
Según Bramble y Lieberman, nuestro grupo, Homo, evolucionó hace 2
millones de años a partir de los ancestros llamados Australopitecos, más
parecidos a simios, porque la selección natural favorecía la supervivencia de
aquellos que podían correr. Con el tiempo, favoreció también las características
anatómicas humanas que hacían posibles los desplazamientos de largas
distancias.
Poder correr disminuyó nuestra habilidad ancestral de vivir
en los árboles, pero al mismo tiempo nos proporcionó la forma corporal humana
moderna. Los dos científicos piensan que correr nos hizo humanos, al menos en el
sentido anatómico. Correr, en esencia, fue uno de los eventos más
transformadores de nuestra historia, estando nuestra aparición unida a la
evolución de esta habilidad.
Esta conclusión contradice la teoría
convencional de que correr fue simplemente un subproducto de la habilidad humana
de caminar. El bipedismo (poder andar sobre las dos piernas), ya había aparecido
en los Australopitecos hace al menos 4,5 millones de años, cuando aún mantenían
su capacidad de viajar a través de los árboles. El cuerpo del Homo, en cambio,
no evolucionó hasta que pasaron otros 3 millones de años (Homo habilis, Homo
erectus, Homo sapiens), de modo que la habilidad de andar no puede explicar por
sí sola la anatomía del cuerpo humano moderno.
Los Australopitecos
caminaron durante 2,5 a 3 millones de años sin acabar pareciéndose a los
humanos. Andar no lo consiguió, pero correr, según Bramble y Lieberman,
sí.
Los Australopitecos, comparados con los Homo, tenían piernas cortas,
brazos largos, hombros permanentemente "encogidos", tobillos no visibles en
apariencia y más músculos conectando los hombros con la cabeza y el cuello. Si
la selección natural no hubiera favorecido el correr, aún tendríamos el aspecto
de los simios.
Bramble y Lieberman examinaron 26 rasgos del cuerpo
humano, muchos visibles también en fósiles de Homo erectus y algunos en Homo
habilis, que mejoraron la habilidad de correr. Sólo algunos de ellos se
necesitan para caminar.
Los humanos somos pobres velocistas comparados
con otros animales que corren. En cambio, somos resistentes. Una alta velocidad
no siempre es importante. Lo es una combinación de ambas circunstancias, que
permitiría recorrer largas distancias.
Quizá esta habilidad les permitía
seguir a sus presas antes del invento de la lanza, el arco y la flecha, por
ejemplo. Otra posibilidad es que tuvieran que llegar antes que otros
depredadores al lugar en el que yacían animales muertos de forma natural, para
poder alimentarse de ellos. En la sabana, bastaría con localizar una bandada de
buitres evolucionando en círculos sobre un lugar para tener la seguridad de que
existe una presa, a la que hay que llegar lo antes posible.
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