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En defensa de los megapíxels Imprimir E-Mail
En mi análisis de cámaras digitales de 8 megapíxels de hace unas semanas, me permití hacer broma con la manía de los megapíxels. Los fabricantes andan presumiendo de su cantidad de megapíxels como si fuera un indicador de la calidad fotográfica, cosa que no es. Y son muchos los consumidores que caen en la trampa. El inconveniente, decía yo, es que un mayor número de megapíxels obliga a comprar una tarjeta de memoria de más capacidad para guardarlos. Y hay que esperar mucho más: entre foto y foto, mientras las fotos se transfieren al ordenador, y mientras se abren para editarlas.Por David Pogue

La mayoría de la gente, escribía en mi artículo, tiene de sobra con una cámara de 4 ó 5 megapíxels, capaz de imprimir excelentes copias de 28x48 cm en una impresora de inyección.

Sin embargo, he recibido por correo-e una opinión discordante, la de mi viejo amigo Harris Fogel, profesor adjunto de fotografía en Filadelfia:
    Cuando han de decidir la resolución, yo les recomiendo a mis alumnos justo lo contrario que tú. Siempre les he aconsejado que utilicen la opción de mayor calidad posible, y que se compren tarjetas de memoria de gran capacidad.

    ¿Por qué? Pues porque esa instantánea familiar puede ser la última vez que veas a tu abuela, o la última ocasión en que se reúne toda la familia. Y captar ese momento a baja resolución equivale a condenar la imagen a un 13x18 o un 20x25, con pocas posibilidades de mejora.

    En el mundo del sonido, todos aquéllos que grabaron algo con platinas de audio digital de primera generación se quejan ahora de la calidad sonora. Actualmente, lo normal es grabar a más resolución y convertir a una resolución menor en caso necesario. Pero siempre queda el fichero de más calidad por si llega el momento de remasterizar.

    Tras pasarme la vida trabajando con imágenes, muchas de ellas de archivo y de importancia histórica, agradezco a los dioses la increíble resolución del proceso fotoquímico, el uso de películas de gran formato y el correcto revelado de las películas y las copias. En cambio, no se puede hacer nada para mejorar una imagen de baja resolución, capturada en un formato con perdidas como el JPEG.

    Por eso le digo a todo el mundo que se compren un par de tarjetas grandes, especialmente ahora que las de 1 GB cuestan unos 100 €, y que fotografíen en TIFF o RAW (formatos de alta calidad que ocupan mucha memoria). En el 95% de las imágenes, no importará en absoluto. Pero para esas fotos únicas e irrepetibles, la diferencia merece la pena. Para mí, los ficheros de 8 mp están plenamente justificados, y eso que ni siquiera se aproximan a la calidad inherente de la película ni a sus posibilidades de uso y exploración futuras.

Hmm.

Casi al mismo tiempo, Karl Petersen, que me asesora técnicamente para el libro que estoy escribiendo sobre el programa Apple iMovie de edición de vídeo, mencionó de pasada que utiliza la función de alta definición de iMovie, aunque él no tiene videocámara HDTV. Karl emplea iMovie para crear pases de diapositivas en alta definición.

¿Y cómo los presentará?

En un reproductor de DVD de alta definición, dice, cuando los reproductores (y los grabadores) de DVD de alta definición sean de uso corriente. Lo cual ocurrirá algún día.

¿Qué tienen en común estas dos conversaciones? En ambos casos, mis interlocutores abogan por el empleo de parámetros de resolución y calidad claramente exagerados e incluso imposibles de apreciar en la actualidad, pero que podrían necesitar en el futuro.

Ello me ha hecho pensar. Dentro de tres años, una cámara de ocho megapíxels resultará casi ridícula, tanto como se lo parece hoy a mucha gente una cámara de un megapíxel. Y cuando cualquier cámara de 300 € haga fotos de 16 megapíxels, ¿no nos alegraremos de haber hecho nuestras fotos de 2005 con 8 megapíxels?

Del mismo modo, aunque se esté cociendo una estúpida guerra entre dos formatos incompatibles de DVD de alta definición, se supone que los dos tipos de reproductores y grabadores saldrán al mercado a finales de este año. Antes o después, es probable que los DVD de alta definición sustituyan a los reproductores de hoy. ¿No sería bueno ir preparándonos para ese momento?

Generalmente soy muy escéptico ante las campañas de marketing que tratan de hacernos creer que necesitamos una potencia innecesaria, ya sea en coches todo terreno, chips Pentium o versiones de Microsoft Office. Pero si se trata de proteger nuestra creatividad (nuestras fotos, nuestras películas, nuestra música) de cara al futuro, debo reconocer que Harris y Karl tienen razón.

 
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