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Un grupo de mujeres estadounidenses,
incluidas investigadoras de varias disciplinas y rectoras de algunas
universidades del país, denuncia esta semana en las páginas de la
revista 'Science' la discriminación que sufre el sexo femenino en EEUU
en el ámbito científico. La ciencia, dicen, necesita más mujeres.
A juicio de estas especialistas, son
numerosas las barreras a las que deben enfrentarse las mujeres que
optan por dedicarse profesionalmente a la ciencia. A veces se trata de
simples sutilezas, que "inconscientemente nos perjudican"; en otros
casos, los obstáculos son más tangibles. "Hay mucha hostilidad
encubierta y también patente hacia nosotras" [en los campus
americanos], se lamenta Jo Handelsman, profesora de la Universidad de
Wisconsin-Madison que encabeza las firmas. "En algunos casos se trata
de comportamientos manifiestamente ilegales", añade, "pero en otros se
trata de actitudes más sutiles que hacen a las mujeres sentirse infravaloradas y poco respetadas". Si
su país quiere seguir siendo competitivo en materia científica y
tecnológica, viene a decir el artículo, no puede permitirse el lujo de
perder todo el potencial intelectual de las mujeres y de otros grupos
minoritarios. Como denuncia Alice Hogan, miembro de la National Science
Foundation, "hemos hecho importantes avances para atraer a muchas
mujeres al terreno de la ciencia, pero aún no las vemos en los niveles
de liderazgo académico que esperaríamos a juzgar por el número de las
que se gradúan". "Debemos animar a la gente, no desanimarla, a
que dediquen sus estudios y carreras profesionales a la ciencia", añade
por su parte Sue Rosser, otra de las firmantes de 'Más mujeres en la
Ciencia'. A su juicio no es cuestión de "las habilidades innatas de
hombres o mujeres", sino "del clima social", de una "atmósfera
invisible" que sus compañeros varones no perciben. En algunos
casos, tal y como señala el documento, la escasa presencia de mujeres
puede deberse a que son menos las chicas que se matriculan en las
facultades, como ocurre en ciertas ingenierías o en informática. Sin
embargo, añaden, en muchos terrenos (y citan el ejemplo de la
biología), la desigual presencia de hombres y mujeres no tiene sentido
si se tiene en cuenta que el número de licenciados de uno y otro género
es similar. Esto reflejaría, a juicio de las autoras, el
desánimo de muchas de sus compatriotas para dedicarse a estos
menesteres debido a la falta de estímulos, la carencia de roles
femeninos o bien, por las dificultades para compaginar su vida familiar y laboral. "Las
universidades no están preparadas para hacer frente a cuestiones de
familia", apunta Handelsman, antes de sugerir algunas posibilidades que
harían la vida más fácil a las madres trabajadoras en este
entorno: salas para lactancia, guarderías, flexibilidad en los horarios
así como en los permisos de maternidad (también en el caso de
adopciones) etc. En este panorama también hay algunos programas
que empiezan a ponerse en marcha y que aportan ciertos "motivos para la
esperanza", en palabras de Handelsman. "Hablar del problema es el
primer paso, eso abre una oportunidad para que las mujeres se planteen
qué está sucediendo en su entorno", añade.
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