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EL 23 de noviembre de 1859, el día antes de que el libro de Darwin
apareciera en las librerías, este recibió una carta de Thomas
Henry Huxley en la que le decía: "Estoy dispuesto a ir a la
pira, si es necesario... estoy afilándome las garras y el pico
como preparativo". Pero también contenía un aviso: "Se
ha echado sobre los hombros una dificultad innecesaria al adoptar el Natura
non facit saltum tan sin reservas". La frase latina, atribuida
a Linneo, mantiene que la naturaleza no da saltos. Darwin era un estricto
seguidor de este lema, a pesar de que el registro fósil de la época
no ofrecía apoyo alguno al cambio gradual. Darwin argumentaba que
el registro fósil era imperfecto e incompleto: vemos los cambios
abruptos porque nos faltan los pasos intermedios.
En las últimas décadas, Niles
Eldredge y Stephen Jay Gould se
han esforzado por dar la razón a Huxley. La teoría moderna
de la evolución no tiene necesidad del gradualismo, y es este el
que se debe abandonar, no el darwinismo.
En su caso, la argumentación se refiere
a la variación morfológica, y no a la molecular.
Mientras que los neutralistas mantienen que el ritmo de evolución
es más regular de lo que admite la teoría sintética,
los puntualistas sostienen que el ritmo de evolución morfológica
es menos regular de lo que esa hipótesis requiere. Los puntualistas
niegan que el registro fósil sea incompleto. Sostienen que la aparición
súbita de nuevas especies fósiles refleja que su formación
se sigue a través de explosiones evolutivas, después de
los cuales la especie sufrirá pocos cambios durante millones de
años.
Parte de esa aparente persistencia del registro puede ser consecuencia
del fenómeno llamado evolución en mosaico, descrito por
primera vez por Sir Gavin de Beer:
el ritmo de cambio de las diferentes partes de un organismo no es uniforme
en el transcurso de la evolución.
La teoría del equilibrio puntuado no sólo se refiere al
ritmo de la evolución, sino también a su curso.
Eldredge y Gould postulan que la anagénesis (los
cambios morfológicos experimentados por un mismo linaje) y la cladogénesis
(la división de una especie en dos) están relacionadas causalmente.
Mantienen que se da una breve aceleración del cambio morfológico
precisamente cuando una población de censo reducido diverge de
su especie original para formar otra nueva. La noción contraria,
que los puntualistas atribuyen a la teoría sintética, consiste
en que el cambio morfológico gradual lleva consigo su división
en razas y subespecies mucho antes de que pueda afirmarse que han surgido
especies nuevas.
En realidad, el cambio evolutivo sigue estos dos patrones, y otros
muchos. El cambio morfológico y la aparición de mecanismos
de aislamiento reproductor son fenómenos diferentes que pueden
darse al mismo tiempo o por separado.
En palabras del propio Gould, en su libro de ensayos "El pulgar del
panda", responde a la pregunta de qué debería mostrar
el registro fósil. Las especies deberían resultar estáticas
en su territorio porque nuestros fósiles son los restos de grandes
poblaciones centrales. En cualquier área local habitada por antecesores,
una especie descendiente debería aparecer súbitamente por
migración de la región periférica en la que evolucionó.
En la propia zona periférica podríamos encontrar evidencias
de la especiación, pero tan buena fortuna resultaría marcadamente
infrecuente dada la velocidad a la que se produce el evento en una población
tan pequeña. Así pues, el registro fósil es una fidedigna
representación de lo que predice la teoría evolutiva, y
no un pobre vestigio de lo que realmente haya ocurrido.
Eldredge y Gould llamaron a este modelo el de equilibrios
puntuados . Las estirpes cambian poco durante la mayor parte
de su historia, pero ocasionalmente esta tranquilidad se ve puntuada por
rápidos procesos de especiación.
Gould también aclara en este mismo libro que no pretende mantener
la verdad única del cambio puntuacional, sino ofrecer otras alternativas
al cambio evolutivo. Como él dice, el gradualismo funciona bien
en ocasiones.
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