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La cuestión es saber si estas exacerbaciones del
sentido racial de un determinado grupo étnico, son hechos aislados o
realmente se corresponden con un sentimiento emergente y racista que
cada vez da más la cara, como otras heces sociales, en los campos de
fútbol.
Probablemente, cuando el dirigente socialista francés Jean Jaurés
pronunciaba la frase "la violencia es una debilidad", en uno de
aquellos famosos discursos suyos en los que la clase proletaria de
finales del siglo XIX era bañada con la luz del amanecer de un
esperanzador y ecléctico socialismo humanista, no podía imaginar que en
nuestro siglo, un arbitro de origen camerunés, connaturalizado con
nuestra cultura y con la tierra de las naranjas y los parques eólicos,
esto es Valencia, y, para colmo, con su mismo nombre y apellido, iba a
ser un ejemplo palmario de su célebre pensamiento. Y es que Jean,
arbitro de fútbol base y regional, no deja de ser noticia en las
agitadas crónicas de deportes y no precisamente por su demostrada
pasión por el balompié, sino más bien porque un grupo de forofos
energúmenos y cuando el colegiado está arrobado por su pasión por el
arbitraje, lo machacan con insultos xenófobos dejando su amor por el
deporte nacional en manos del psicólogo. Por supuesto, aplicando el
axioma del citado político galo a la personalidad de este juez
arbitral, la debilidad no es precisamente la suya, ya que este
deportista de raza negra ha demostrado grandes dosis de estoicismo y
fortaleza de espíritu, sino de los que le vituperan, pues está claro
que cuando la atonía moral se pudre puede dar lugar a, por ejemplo, el
racismo. La cuestión es saber si estas exacerbaciones del sentido
racial de un determinado grupo étnico, son hechos aislados o realmente
se corresponden con un sentimiento emergente y racista que cada vez da
más la cara, como otras heces sociales, en los campos de fútbol.
Imagino que si Olsson, director ejecutivo de la UEFA, arengaba
hace pocos días a jugadores y equipos para que luchen contra el racismo
en los campos es por que el río, además de sonar, lleva agua. Está
claro que culpables hay muchos, bien por error u omisión. Aunque
responsables empezamos a ser todos. Mientras Jean sigue soñando con lo
suyo: arbitrar partidos.
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