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Un equipo internacional de investigadores de EEUU, Australia e
Indonesia ha estudiado una recreación virtual del cerebro del 'Homo
floresiensis' y concluye que este antiguo homínido era capaz de un
procesamiento cognitivo superior, a pesar del reducido tamaño de su
cerebro.
Según los científicos, que han publicado sus conclusiones en la
revista 'Science', el cerebro del diminuto humano antiguo, el 'Homo
floresiensis', se parece al del 'Homo erectus' o quizás incluso al del 'Austrolopitecus' y no al cerebro de un humano moderno con una enfermedad o trastorno del desarrollo. De
hecho, los investigadores sostienen que su diminuto tamaño no se debe a
malformaciones, sino que responde a su adaptación a la isla. Estos
'hombres diminutos' fueron capaces de cruzar el mar hasta alcanzar la
isla de Flores, donde se hallaron sus restos, y donde se han encontrado
muestras de que tenían un comportamiento muy avanzado para un homínido
con el cerebro del tamaño de un simio: herramientas, y marcas de haber utilizado fuego.
Los científicos analizaron representaciones tridimensionales del cerebro de los homínidos, reconstruidos a partir del reciente descubrimiento de la calavera conocida como LB1.
Los
investigadores compararon este molde virtual con los de los grandes
simios, 'Homo erectus', 'Austrolopitecus africanus', 'Paranthropus
aethiopecus', y 'Homo Sapiens', incluyendo un pigmeo y un humano con crecimiento cerebral anormal o cerebro 'microcefálico'.
Según
los científicos, aunque la razón entre el tamaño del cuerpo y el
cerebro es más parecida a la del 'Austrolopithecus', la forma global
del cerebro es más parecido al del 'Homo erectus'. El cerebro de LB1
muestra algunas diferencias en relación con el 'Homo erectus', tales
como un lóbulo temporal expandido.
Los autores sugieren
que estas diferencias son consistentes con la idea de que estas
especies eran capaces de un procesamiento cognitivo superior a pesar de
su pequeño cerebro, aunque los científicos señalan que harán falta más
investigaciones para determinar si éste fue el caso.
El 'Homo
floresiensis' fue descubierto en 2004 por dos investigadores
australianos, que determinaron que los restos pertenecían a una nueva
especie humana que vivió en la isla indonesia de Flores hace 18.000
años.
Los antropólogos descubrieron un esqueleto parcial en una
cueva llamada Liang Bua, que perteneció a una persona que, en una edad
plenamente adulta, medía apenas un metro de alto y tenía el cráneo del
tamaño de un pomelo.
Los codirectores de los yacimientos de la
Sierra de Atapuerca, Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro y
Juan Luis Arsuaga, destacaron que este estudio aclara las incógnitas que despertó su pequeño cerebro,
parecido al de un chimpancé, ante la posibilidad de que pudiera
fabricar las sofisticadas herramientas que se habían encontraron en la
cueva en la que se hallaron los restos.
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