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'Prime' deliciosas Streep y Thurman Imprimir E-Mail
A los 37 años, la recién divorciada Rafi teme estarse enamorando de Dave, de 24 años. Le confía sus dudas a su psiquiatra Lisa Metzger, que le aconseja seguir disfrutando de tan satisfactoria relación. Eso es, hasta que Lisa descubre que el amante de su cliente es el hijo de la terapista. Mamá se opone inmediatamente a que Rafi continúe acostándose con un chico a quien le lleva 13 años y a quien Lisa consideraba prácticamente virgen.

El guionista-director Ben Younger ha construido una comedia romántica con sólido andamiaje étnico. Lisa Metzger es devota judía y no ve con buenos ojos el posible matrimonio de su adorado nene con una mujer de diferente religión. El ambiente familiar de los Metzger está meticulosamente observado, porque a estos brooklinianos de pura cepa no se les ha pegado por completo la sofisticación de Manhattan. Hasta el punto de que Lisa sigue poniendo a enfriar la botella de vino tinto en el congelador.

Rafi es Uma Thurman, a quien James Ivory le inspiró una de las mejores actuaciones femeninas de la pasada década en The Golden Bowl. Y Lisa Metzger es Meryl Streep que, con dos Oscar y 13 nominaciones, no necesita presentación. Podría decirse que ambas están actuando con bandera a media asta, pero sus roles sin grandilocuencia exigen delicados matices y sutilezas, para no caer en fáciles caricaturas de ligera comedia sin mayores aspiraciones.

Streep ejercita su extraordinario mimetismo para encarnar una mamá judía comparable a las de Molly Goldberg o Molly Picon. Thurman pinta muy convincente retrato de una mujer moderna y liberada, indecisa ante dejarse llevar por los sentidos hacia algo que --con su mundana experiencia-- se le antoja como sabroso pero insensato.

En esta película enfocada hacia dos mujeres, los hombres no se dejan opacar y se reparten sus tajadas del pastel. Bryan Greenberg capta la ingenuidad post-adolescente del inmaduro Dave, sin descuidar la atracción sexual que lo liga a Thurman en escenas eróticas de refinada calentura. Y Jon Abrams como Morris, el amigo excéntrico, levanta el nivel cómico cada vez que Younger le da oportunidad de diversificar la trama con un personaje de locoide originalidad.

La segunda mitad de Prime quizás deriva demasiado hacia lo romántico, de modo que Streep tiende a desaparecer del panorama y a brillar por su ausencia en un papel esencialmente secundario. Pero Younger no pierde el control y no permite que un sintético final feliz estropee la molesta verdad que late por debajo de las dulces mentiras. Como bien dice la juiciosa mamá psiquiatra, en esta vida el amor es muy bonito y muy necesario, pero no es suficiente.

 
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