Nada mejor para cerrar con buen sabor de boca esta edición de «Los
veranos de la Villa» que una inmersión dramática en la infinita fuente
de inspiración de «Las mil y una noches». Comediants trae a Madrid
desde hoy y hasta el 7 de agosto una obra con una dualidad temporal
acentuada, compaginando un presente cercano y aterrador, el de la
guerra de Irak, y un pasado milenario encerrado en las páginas de uno
de los libros universales de la literatura oriental.
En lo que
el director de Comediants, Joan Font, define como un homenaje al «libro
quemado» y un alegato a la creación y a la palabra en detrimento de la
destrucción y la guerra, «Las mil y una noches» denuncia la devastación
de la Biblioteca Nacional de Irak a consecuencia de los bombardeos de
un «conflicto absurdo», que acabaron en minutos con siglos de historia
y arrebataron la memoria a un pueblo entero. Font confesó la repulsa
que le produjo este incidente, por lo que decidió «emplear la palabra,
la imagen y el sueño como antídoto contra la barbarie».
Una obra laberíntica
Con
un espacio escénico «desolador, oscuro y sin encanto», reflejo de la
biblioteca incendiada, un grupo de jóvenes custodia los pocos libros
que pudieron salvar del fuego, entre los que se encuentra «Las mil y
una noches». Bajo el objeto de amenizar una velada que se presenta
dura, comienzan a leer cuentos, dando como resultado una obra
«laberíntica, ya que un cuento te lleva a otro y un personaje te
introduce en otro», asegura Joan Font. Con la música «omnipresente» del
kurdo Gani Mirzo aportando un sugerente sabor oriental y un espacio
«distinto» diseñado por Frederic Amat, esta obra recrea un mundo que
«nada tiene que ver con los occidentales».
|