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Carnaval playero Imprimir E-Mail
Llevaba unos diez minutos en la Caleta para ver si me inspiraba para la columna de hoy, y ¡flash!, llegó el momento. Hacía su entrada por la arena una familia que na más verla pensé: "Esta gente son allegados al Batato o nueros del Tío de la Tiza".

Desde que pisaron las pailas daban la nota, buscaban el sitio haciendo tipo. El más chico de la familia, pidiendo por la orilla con un colaó de café y una hoja de derecho de imagen. El padre, en vez de llevar camiseta Nike, lucía el chaleco de la comparsa Al compás de mi cepillo, que iban de Kid Betún, pero arreglao y to lleno de purpurina. La madre con voz ordinaria saca el tarro de bronceador y comenta: "Pacorro, porme Nivea hasta que parezca un pionono del horno de la Torre". En el hombro llevaba un tatuaje ("Amor a papelillo") y en el codo uno chiquitito con "Te quiero cabalgata".

Al clavar la sombrilla, el mayor de los niños grita "¡eso es!" y toda la familia al unísono agacha los cocos, hasta que la abuela con un toque de baqueta seco en el taperwué corta la primera tajá de tortilla, pero a piano.

La sombrilla estaba adornada con serpentinas y el lema: "Cai, por ti no sabría qué hacer". La abuela da introducción de pito para colocar el radiocassette. De grande que era funcionaba a batería de coche. Era un peligro, ya que si cualquier bañista lo pisaba con los pies mojaos, pasaba inmediatamente a ser tema de Quiñones. O sea, muerto en el acto.

No llevaban ninguna cinta alegre. De primero, pasodoble del entierro de un taxista, el segundo trataba de un niño que se cae desde un cierro, no especificándose en la letra la altura del balcón. Con este tema, algunas alfajoas comenzaron a llorisquear. Los pulpos no, pa que veas. Al parecer, aguantan más. Viendo el panorama, los chavales de la Cruz Roja colocaron la bandera color lila chillón, que significaba "Peligro, no acercarse al radiocassette de esa gente". Remataron la faena con un cuatro de diciembre, de Raza Mora. No soportaba más . Me levanté con dos cajas de clínex en los ojos y pregunté al cabeza de familia. "Pacorro, ¿todavía no ha clavao la bandera Caparrós, pisha?". Blam, blam.


 
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