Sindicalistas «armados» con bocinas boicotean el último estreno de TVE
Cuando Pilar G. Muñiz asumió el reto de emular a Inmaculada Galván
(«Madrid Directo») en TVE al frente de «España Directo», lo último que
imaginó es que tendría que presentar prácticamente a gritos las tres
primeras ediciones para hacerse oír, que el ruido de fondo serían golpes,
bocinazos y sirenas activadas desde el exterior por un grupo de compañeros
sindicalistas y que las sonoras protestas obligarían, el pasado viernes,
al reportero desplazado a Pamplona a asumir las riendas del espacio, ante
la imposibilidad de hacerlo desde Prado del Rey en unas mínimas
condiciones de audición. Ni los más viejos del lugar recuerdan una bronca
semejante durante una emisión en directo, una insólita situación
inimaginable en cualquier empresa privada que, por aquello de buscar algo
positivo en medio de semejante desaguisado, ha servido para descubrir los
nervios de acero de Pilar G. Muñiz, inmutable en medio del guirigay.
Temor a la reducción de plantilla. En el
origen del boicot sindical a «España Directo» está la negativa de un buen
número de trabajadores de TVE a aceptar que un programa de corte
informativo sea realizado por una productora, Mediapro, sin apenas
participación de personal de la cadena, más allá de la propia
presentadora, el realizador y el productor. Además, sobre el conflicto
planea, amenazadora, la alargada som- bra de la reestructuración de RTVE
que prepara el Gobierno, que en el mejor de los escenarios barajados
contempla la salida de más de 3.000 trabajadores. Combinadas
ambas circunstancias, el estreno de «España Directo» llega en el peor
momento posible, en medio de una tensión creciente entre trabajadores y
dirección por el peso de las productoras privadas en TVE. «Si lo hacen
otros, sobramos nosotros», comentan los trabajadores mientras crece el
malestar, a pesar de que sólo una quincena (la mayoría de la Unión General
de Trabajadores y alguno de Apli) han tomado parte activa en las protestas.
Es en este contexto en el que hay que encuadrar los incidentes que han
salpicado la emisión de «España Directo» desde su estreno el pasado
miércoles. Unos incidentes que culminaron el viernes con un festival de
bocinas a las puertas del Estudio 5 de Prado del Rey desde el que se emite
que hicieron inaudible las intervenciones de la presentadora. Y ello a
pesar de que, desde la primera pausa publicitaria del programa, apareció
pertrechada con un micrófono unidireccional que, supuestamente, apenas si
capta el ruido ambiental. En su escalada de protestas, el primer
día, el instrumental empleado por la quincena de sindicalistas presentes
fueron sus propias manos y algunas barras de hierro, que gol- peaban, con
desigual convicción, contra las paredes del plató cuando eran avisados de
que la presentadora estaba dando paso a un reportaje. El jueves,
tras encontrarse unas vallas que les impedían acceder a la pared, optaron
por golpear unos bidones. El efecto sonoro disminuyó y el programa fue
casi tranquilo, más allá de las protestas en directo de algún trabajador
de los Centros Territoriales en las conexiones en directo, pocas, con
algunos de los 22 reporteros contratados. Pero el viernes las bocinas
empleadas desde el exterior se colaron en la pantalla con una nitidez
inesperada. Fue el momento de aplicar el Plan B, consistente en trasladar
el peso de la presentación a Pamplona, con el objetivo irrenunciable de no
verse obligados a la suspensión del espacio, algo que hubiera supuesto un
éxito sindical sin precedentes en la historia de las disputas laborales de
Televisión Española. El arrojo de
los reporteros. Llegados a este punto, la dirección de la cadena
parece dispuesta a intentar un «acercamiento» con los comités de empresa
de TVE mientras busca ubicaciones más seguras fuera de Prado del Rey.
Entre las incógnitas que restan por despejar está si TVE dispone de un
cuerpo de periodistas capaz de montarse en globo, introducirse en un baño
turco o correr un encierro de los Sanfermines por exigencias del reportaje
de turno. Los más pragmáticos indican que, de no existir entre los 8.000
empleados públicos de RTVE alguien con un perfil y arrojo similar, siempre
queda la posibilidad de contratarlo directamente, sin intermediarios como
Mediapro, tal y como sucede en programas como «Gente» o «Corazón de...».
Con el debate totalmente abierto, las audiencias han dictado un primer
veredicto y en las comunidades con versión propia (Cataluña, Andalucía y
Madrid) han ganado con holgura las opciones locales.
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