Las mujeres fatales forman parte de la mitología de la humanidad. Desde
mujeres reales como Cleopatra hasta personajes de ficción, encarnados
de la forma más admirable por las heroínas del cine negro americano,
todas tienen un hueco en nuestra historia.
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Pocas mujeres han pasado a la historia (exceptuando a las canonizadas
como santas) de forma que su dominio no fuera considerado por el hombre
como algo peligroso. Nada resulta tan atrayente, enigmático, ambiguo,
querido y odiado a la vez, como las mujeres fatales. Se trata de unos
personajes imprescindibles para el desarrollo de la liberación femenina.
En la mujer fatal se funden la vamp de las mitologías nórdicas y las
prostitutas de las mediterráneas. Fueron los franceses los que la
denominaron femme fatale. A su vez, los norteamericanos la llamaron
spider woman o mujer araña. Con esos términos definían a una mujer
hermosa, ambiciosa e intrépida, insensible y cruel, que muestra sus
intenciones únicamente en el último momento.
La mujer fatal es ambigua, y sabe jugar con este sentimiento. Utiliza
su belleza y su sexualidad como armas para lograr lo que desea mediante
la seducción. Estas mujeres utilizan su cuerpo como señuelo. Con él
provocan, intrigan, mienten y manipulan, utilizando como arma la
belleza y la sexualidad, que le sirven para obtener beneficios
lucrativos. Su moral tiene como objetivo el ascenso social: el poder,
el dinero, el lujo... por ello está dispuesta a arriesgarse con una
determinación que no hace caso de ningún obstáculo.
La ambición económica, siempre atribuida a la identidad sexual
masculina, es una característica propia de esta mujer, que se salta las
normas del sistema y paga por ello con la soledad, la cárcel, la
incomprensión, e incluso con su propia vida. El cine negro americano ha
contribuido a mitificar aún más a estas mujeres, desde que el séptimo
arte ha tratado estos temas.
Las vamp vivieron su época dorada desde 1940 hasta los años 50 y
principios de los 60. Estas mujeres formaron parte de la cultura
americana y del resto del mundo occidental por extensión. Después de la
segunda guerra mundial, la emancipación de la mujer se hizo evidente y
en cualquier película de la época podremos ver claramente los rasgos
característicos de estas célebres mujeres.
Las mujeres fatales dominan el arte de la seducción. La femme fatale
convence así al incauto oponente masculino para que actúe según sus
fines. Así, en algunas películas podremos observar su mirada, que es la
herramienta fundamental de esta mujer, ante el hombre al que pretende
hechizar con sus gestos, sus palabras y, en múltiples ocasiones, con
sus canciones. Gilda es la culminación de este tipo de mujeres en el
cine.
Las más célebres
La primera mujer fatal que podríamos considerar es Eva. Según cuenta la
historia, ella fue la encargada, con sus encantos femeninos, de que
Adán probara el fruto del árbol prohibido.
La musa de Marco Antonio durante el Imperio Romano fue Cleopatra.
Después de algunos flirteos con César, ella decidió conquistar al
general romano, que quedó prendido de su belleza y de su gracia. Fruto
de esta relación fue su hijo Cesarión. Cuenta la historia que Cleopatra
puso fin a sus días dejándose morder por un áspid.
Más cercana a nuestros días debemos citar a la célebre Marlene
Dietrich. Esta alemana, hija de un oficial de la policía aristocrática
prusiana, pasó parte de su infancia estudiando violín y canto. Más
tarde se centró en el arte dramático y su oportunidad en el cine le
llegó con el personaje de Lola en 'El ángel azul'.
Se pasó la vida enamorando a los hombres en la pantalla, aun cuando sus
inclinaciones sexuales no fueran muy claras, y utilizó todas las armas
de una vamp, dentro y fuera del celuloide. En 1938 le llegó una oferta
de Adolf Hitler con unas condiciones fabulosas de trabajo, pero Marlene
Dietrich la rechazó haciendo patente su antinazismo. El ejército alemán
no le perdonó nunca que cantara para los americanos y no para sus
compatriotas. Este rechazo a la magnífica oferta acentuó aún más el
mito de esta gran diva.
Siguiendo con el cine, la bellísima Ava Gadner contribuyó a crear el
mito erótico en las mujeres fatales. Ejemplo de mujer sin prejuicios,
de suma belleza, supo utilizarla para conseguir sus objetivos en el
mundo del cine. Fuera de las pantallas, era una mujer muy pasional, que
tomaba la iniciativa en cualquier relación que mantuviera con los
hombres. En el cine encarnó personajes muy acordes con su personalidad,
como por ejemplo la mortífera Kitty Collins de 'Forajidos'.
Ya en nuestros días, el concepto de mujer fatal es menos escandaloso.
Que la mujer sea ambiciosa es casi una virtud, y las heroínas y vamp
son menos populares. Pero de manos de un personaje virtual, y cuando
parecía que las divas estaban llamadas a extinguirse, llegó Lara Croft,
la intrépida protagonista de un popular videojuego. Esta chica con
rasgos asiáticos y latinos, con unas curvas de órdago y un cuerpo de
infarto, es capaz de derrotar a los más intrépidos guerreros con tal de
conseguir sus fines. Lara ha cogido el relevo generacional de estas
admiradas mujeres, y este personaje refleja fielmente el prototipo de
mujer fatal de nuestros días.
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