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El Escorial, a paso de herradura Imprimir E-Mail
Hasta el 31 de agosto las Caballerizas Reales de San Lorenzo de El Escorial acogen una muestra de los carruajes de la época de Carlos III. Una colección de estribos, espuelas, monturas, planos de la época, armas o incluso trajes completan la exposición

Tenía por costumbre Carlos III trasladarse cada año junto a la Familia Real, en un repetido circuito alrededor de Madrid, por los Reales Sitios de su entorno. Allá donde iba el monarca, todo su séquito debía seguirle, y tal era el movimiento de gente que cuando se trasladaba a Aranjuez, La Granja o Madrid, bloqueaba los caminos y paralizaba la actividad del lugar por donde pasaba.
Esta agitada agenda obligaba al monarca a disponer de un gran número de carruajes que resguardaba en lugares como las Cocheras del Rey de la villa escurialense, creadas en 1768 para tal fin y donde se ubicaban además los cuartos y las estancias para cocheros, delanteros, lacayos, palafreneros, lavacoches, herradores, etc. Por ello ha sido precisamente este lugar el elegido para, bajo el nombre «¡Arre! El Escorial a paso de herradura», reunir en una muestra una veintena de coches utilizados durante el reinado de Carlos III. Dentro, en el caserón del mayodormo, mil piezas de coleccionista, todas relacionadas con los carruajes, completan la exposición.
Al igual que hoy, también antaño había cierta lucha entre los más pudientes de la corte para obtener el último modelo de carruaje. Por las calles del antiguo Madrid circulaban carros, para el transporte de mercancía, y coches, de uso personal.
Una diligencia, el coche fúnebre, el primer cabriolet, una carretela o una berlina son algunos de los carruajes que se pueden contemplar. Estos monstruos de los caminos necesitaban mil cuidados para estar a punto. Por eso, en el interior de las caballerizas también se ha reunido una muestra de los trabajos que albergaba ese mundo del transporte: guarnicioneros, carpinteros pajes, mozos, personal de cámara...
Estribos, espuelas de estrella, monturas, planos de caminos de la época, trajes e incluso las armas que se veían obligados a llevar para preservar su seguridad de los bandoleros que frecuentaban los caminos son otros de los curiosos objetos que reúne la exposición.


 
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