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Hoteles cinco estrellas Imprimir E-Mail
escrito por Redacción   
Las suites pueden costar hasta 3.800 dólares la noche y medir unos 200 metros cuadrados. Ofrecen servicios excéntricos, como sábanas de algodón egipcio, jacuzzi para pies y almohadas "a la carta".
Un relajante hidromasaje con sales de baño francesas. Champán del mismo origen para disfrutar mirando un DVD en la TV de plasma, desde el mullido sillón del living. Y una cama enorme con sábanas de algodón egipcio para un descanso reparador. ¿Tentador, no? El summum del confort es lo que ofrecen las suites de los hoteles cinco estrellas de Buenos Aires. A quien pueda pagar, claro, las tarifas que van de 400 hasta 3.800 dólares la noche.

Verdaderos palacios del lujo, los cinco estrellas son el negocio hotelero que más está creciendo. En la Ciudad ya hay 16 con 3.962 habitaciones, y para 2005 se sumarán otros cinco. Con el auge del turismo y las tarifas competitivas, muchos turistas de placer comenzaron a usar estos hoteles, habitualmente reservados a viajeros de negocios. Y este segmento —el que más dinero gasta— empezó a recuperarse tras la crisis.

Las habitaciones más pedidas son las suites. ¿Qué tienen de diferente a una común? Varias co sas. Las hay desde un poco más grandes que una standard (las junior suites) a verdaderos departamentos, con cocina incluida.

La Presidencial del Four Seasons es una de ellas. Está en la Mansión Alzaga Unzué y mide 180 metros cuadrados. Allí se alojó Madonna, entre otras muchas celebridades que tomaron sol en su balcón privado o cenaron en su comedor decorado con antigüedades. Entre otros detalles, sus huéspedes pueden usar los servicios del exclusivo health club del hotel, que hasta incluye un novedoso jacuzzi de pies.

La decó es parte importante de la oferta de los cinco estrellas, que suelen tener sus suites ambientadas en estilos clásicos, como el Imperio o el Luis XV. Julio Iglesias, por ejemplo, siempre elige la Senador del Park Tower porque tiene las paredes bordó, su color preferido. O Luis Miguel, otro habitué de este hotel de Retiro, pide que su suite esté repleta de velas de vainilla. Justamente las celebridades (actores, cantantes, top models) forman parte de la cartera de clientes habituales. También hay presidentes, directivos de empresas y turistas de placer. "Tras la devaluación, Buenos Aires se convirtió en un destino atractivo para vacaciones. El 70% de nuestros viajeros son de placer", comenta Kim Mandel, encargada de Relaciones Públicas del Marriott Plaza.

El diferencial de estos hoteles es el servicio. Ejemplos: el NH Jousten y el NH City ofrecen almohadas "a la carta" (de plumas, para alérgicos, cervicales); el Sofitel, secretarias trilingües; el Hilton, corbatas para los huéspedes que se ensucian la suya; y en el Abasto Plaza, el personal enciende los electrónicos los días de Shabat, ya que los clientes judíos no pueden hacerlo por tratarse de una celebración religiosa.

En todas las cadenas, los empleados son capaces de hacer mil peripecias para satisfacer un pedido (ver Diez lugares...). "Tienen el 'no' casi prohibido. Si algo no se puede conseguir, deben presentar opciones para reemplazarlo", asegura Beatriz Lew, gerente de Ventas del Claridge. ¿Qué piden los pasajeros? Cosas habituales, como la ropa planchada, y otras curiosas. "Una vez vino el emir de Kuwait. Y quería ver el canal de TV árabe. Hubo que hacer una conexión especial en tiempo récord", recuerda Cecilia Nigro, gerente de Relaciones Públicas del Alvear. La suite Royal de este hotel mide 200 metros cuadrados y tiene sauna. El Alvear es uno de los cuatro de la Ciudad —con el Park Tower, Intercontinental y Faena Hotel— con butler, un mayordomo que asiste las 24 horas al huésped. "En todo, de desempacar a conseguirle el agua que desea tomar", aclara Guillermo Peisina Lemos, un joven butler del Alvear.

Los hoteles tienen estándares de servicio que cumplir, como el armado de las valijas. No es cuestión de meter todo así nomás: hay técnicas estudiadas, que los butlers aplican con rigurosidad. "Primero se ponen los pantalo nes. Los zapatos van en bolsas y los cinturones, en papel manteca para que las hebillas no dañen la ropa. Por último, se doblan las piernas de los pantalones cubriendo las otras prendas", enumera Claudio Rosales, supervisor del Park Tower que, como el resto del personal de ese hotel, fue entrenado por un mayordomo del palacio de Buckingham.

Otro rito ineludible es la apertura de la cama: la preparación que hace la mucama para que el huésped se vaya a dormir. Varios hoteles tienen registrado de qué lado de la cama baja al levantarse para doblar las sábanas hacia allí. Además, le dejan pantuflas, agua, chocolates y una nota con el pronóstico meteorológico.

"Vendemos una experiencia. Quien paga uno de los hoteles más caros de la Ciudad viene a sorprenderse", afirma Nigro. Cecilia Bauzá, relaciones públicas del Park Tower, dice que lo importante "es cuidar la intimidad del huésped. Buscamos que se sienta como en su casa y lo llamamos siempre por su nombre". Soledad Gutiérrez Eguía, Public Relations manager del Four Seasons, da una tipología del turista: "Como en la vida, los hay sencillos, exigentes y complicados. Por suerte, éstos son los menos".

Los cambios del público obligaron a los hoteles a aggiornarse. Un caso paradigmático es la mayor presencia de mujeres de negocios. "A las mujeres les importa el cuidado del cuerpo, por eso incorporamos más alimentos saludables en el desayuno y nuevos cosméticos en las habitaciones", apunta Verónica Martella, coordinadora de Relaciones Públicas del Intercontinental. También aumentaron las familias de vacaciones que piden alojarse en una suite para estar más cómodas.

Buscando responder a esta demanda, varios hoteles están ampliando su capacidad de suites: el Hilton, por ejemplo, construirá cuatro nuevas antes de fin de año. "En la medida que el país se estabilice y se recuperen negocios, se seguirá creciendo. Para un empresario extranjero, pagar 500 dólares una suite no es un gasto extraordinario", analiza Pablo D'Onofrio, gerente general del Emperador. Un relevamiento hecho por Clarín en seis hoteles lo corrobora: la mitad tenía ocupada su suite más cara, en todos los casos por empresarios. Hombres afortunados, dirán algunos, que pueden permitirse el placer de una noche a todo lujo.
 
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