El artista madrileño imparte un taller basado en la esencia del arte prehistórico y las técnicas del retrato
Un olor a tierra y trozos de madera quemada envuelve el aula convertida
en estudio donde el veterano artista Joaquín Vaquero Turcios, enseña a
un grupo de estudiante, la «infinidad de problemas técnicos,
intelectuales y estéticos» a los que se enfrentaron los primeros
pintores y que reflejan su manera de pensar.
El objetivo, según el pintor y escultor, es demostrar que «la
modernidad de las pinturas de las cuevas es absoluta, es tan moderno
como lo último que se pueda estar haciendo», explicó. Todo arte, «si
verdaderamente lo es, logrará emocionarnos y será contemporáneo por
definición». Esta es, según subrayó, una de las lecciones que trata de
transmitir a los alumnos del taller 'Una mirada en la oscuridad', que
imparte hasta el viernes en la península de La Magdalena.
Vaquero conduce a sus alumnos a través de un análisis de dos temas
que considera básicos en la historia de la pintura: el arte de las
cavernas y el rostro humano en su interpretación pictórica, con el
objetivo de encontrar nuevas formas de expresión.
Aunque están trabajando con materiales muy similares a los que tuvo
al alcance el hombre prehistórico, lo que se busca no es imitar
aquellos bisontes y caballos que se encuentran en sitios como Altamira,
sino hacer «un recorrido muy profundo por las cosas misteriosas y cosas
claras» que aparecen en estas obras.
«Hemos tratado de reproducir el sistema, no las figuras exactas.
Los materiales mismos con que trabajaban; entonces tenemos en unas
mesas la tierra y otros elementos que ellos usaban, que eran muy pocos,
pero muy inteligentemente empleados», detalló el académico de Bellas
Artes de San Fernando.
Otro factor de indiscutible importancia para los creadores de arte
es, según Vaquero, el estudio de las claves que artistas como Picasso,
Brancusi o Bacon utilizaron para representar «una cosa tan sencilla y
tan limitada como es el rostro humano».
Para el también arquitecto, los artistas tienen libertad para
descubrir nuevas formas o deformaciones en el rostro, pues «cuando nos
miramos al espejo lo que se ve es una cosa, pero en los cuadros, que
son también espejos, vemos cosas tremendas». No obstante cada creador
sigue unas leyes propias a la hora de realizar su obra, y son
justamente estas claves, que para un espectador común pueden pasar
desapercibidas, las que importan a los profesionales del arte.
«Un espectador va a un museo, ve un Picasso y le produce un impacto
emocional grande, le produce un impacto estético, pero es muy difícil
que luego analice con rigor la serie de rostros deformados», aunque
Vaquero subrayó que para un pintor o un historiador de arte sí «es
necesario ahondar, investigar el porqué de la forma de las cosas, la
formas de las pinturas».
Multidisciplinar
Contrariamente a lo que pueda pensarse, en el taller de Joaquín
Vaquero no se han inscrito sólo estudiantes de disciplinas artísticas,
sino de materias tan diversas como psicología o biología, lo que el
madrileño considera que aporta riqueza de ideas. «A mí me gusta mucho
esa posibilidad de multidisciplinariedad porque se intercambian ideas y
puntos de vista que son fructíferos», señaló.
Asimismo, mencionó que en este tipo de experiencias el aprendizaje
es recíproco. «Uno hace un esfuerzo por tratar de enseñar algo y en ese
momento uno está aprendiendo de verdad lo que quiere enseñar», pues el
maestro ha tenido también la oportunidad de intercambiar ideas «y de
ver lo que hacen, lo que piensan y lo que preguntan» sus estudiantes.
Aunque reconoció que la duración del taller es muy corta, (una
semana) consideró que «es suficiente» para que «se les abran ciertas
puertas o ventanas de luz». Sin embargo, es necesario para ello
someterlos «a una intensa tormenta de ideas», que les permita «razonar
y meditar sobre cosas y que puedan hacerlas con las manos también»,
aseveró.
Joaquín Vaquero también reflexionó sobre el futuro de las nuevas
generaciones de artistas, valorando que no pasarán por un panorama más
difícil que el que ha vivido él mismo. «Siempre es muy difícil el arte
porque depende de muchos factores, porque hay cada vez más artistas,
pero también hay cada vez más museos, galerías y coleccionistas»,
continuó su disertación, tras recordar que «el arte nos acompaña desde
hace cuarenta mil años y yo creo que podemos irnos preparando para
otros tantos». En medio de estas predicciones y con los dedos teñidos
de todas las tonalidades, Joaquín Vaquero y sus alumnos continuarán
hasta el viernes en su aventura de experimentación y análisis de la
pintura, tratando de encontrar 'Una imagen en la oscuridad'.
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