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Los rusos le toman el gustito al diván Imprimir E-Mail

Después de quince años de matrimonio a Valentina se le vino el mundo abajo cuando su marido la dejó por una amante. "Doctor, ¿qué voy a hacer?", preguntó la mujer de 41 años a su terapeuta, con lágrimas en la cara. "No quiero a cualquier otro hombre, ¡quiero al mío!". La escena no se desarrolló a puertas cerradas. Fue transmitida por un popular programa de televisión que presenta a un prominente psicólogo dando consejos a rusos comunes y corrientes, en un reflejo del creciente interés nacional por la psicoterapia.

Mientras los académicos soviéticos estudiaban psicología como ciencia pura, los expertos dicen que la terapia era casi inexistente en la Unión Soviética, un país donde no se estimulaba precisamente a los ciudadanos a pensar ni actuar como individuos. Asimismo, el estado usaba comúnmente la psiquiatría como un medio para perseguir a los disidentes, declararlos insanos y encerrarlos en instituciones sombrías.

Aún el término "psicoanálisis" estuvo oficialmente prohibido hasta comienzos de los años 90 porque el régimen lo consideraba una rama burguesa y disidente de la psicología, dice Olga Kvasova, disertante en la Facultad de Psicología de la Universidad Estatal de Moscú.

El desplome de la Unión Soviética en 1991 y las consiguientes reformas económicas y políticas permitieron a los rusos familiarizarse con muchos aspectos de la cultura occidental: desde los omnipresentes McDonalds hasta la práctica de consultar a un analista. "Estamos presenciando un aumento en la demanda (de ayuda psicológica). Todavía no hay un auge, pero la tendencia es que decididamente aumenta su popularidad'', afirmó Mijail Labkovsky, psicoterapeuta que conduce un programa en la radio Ekho Moskvy.

Al igual que otras nuevas tendencias aquí, la terapia es casi exclusiva para los ricos. En Rusia, donde el salario mensual equivale a unos 300 dólares, la mayoría de los pacientes son residentes acaudalados de las grandes ciudades que pueden darse el lujo de pagar de 20 a 100 dólares la hora. Para los menos pudientes está el programa radial "Solucionaremos todo" en el Canal Domashny, conducido por el psicoterapeuta Andrei Kurpatov, autor de una veintena de libros sobre problemas psicológicos que atiende pacientes en un departamento en el centro de Moscú, bajo el brillo de los focos de la televisión.

Su paciente Valentina, cuyo apellido no se reveló, insistía en recuperar a su marido. Después de escucharla, Kurpatov le entregó un plato con dos pepinos, dos tomates y un cuchillo y le dijo: "Por favor, hágame una ensalada ayer". Valentina hizo una pausa y le respondió: "No, doctor, la ensalada de ayer debió haber sido preparada ayer". Y enseguida dijo que se daba cuenta de que necesitaba superar la experiencia de su matrimonio fracasado y empezar una nueva vida. Kurpatov dice que un objetivo de su programa es sencillamente "demostrar que la psicoterapia existe, que uno puede venir y recibir ayuda".

Aún los expertos que censuran a Kurpatov por sermonear a veces a sus pacientes frente a las cámaras de la televisión acerca de cómo pensar y actuar -algo que la mayoría de los psicólogos rechaza- admiten que su programa ayuda a educar a los rusos acerca de los beneficios de la psicoterapia. Tatiana Dmitriyeva, directora del principal hospital psiquiátrico del país, el Instituto Serbsky -que en la era soviética era tristemente célebre por diagnosticar esquizofrenia a los disidentes- dijo que el nuevo interés en la asistencia psicológica era una buena noticia para un país que experimentó tremendas convulsiones económicas y sociales en los años 90, que dejaron a muchos rusos sumidos en la depresión.

Si bien la mayoría de los problemas del público son mayormente universales, los expertos dicen que los rusos son más vulnerables a determinados problemas como el alcoholismo y la consiguiente depresión. Rusia tiene una de las mayores tasas de suicidio en el mundo. Kurpatov agregó que muchos rusos de edad mayor, criados en la sociedad soviética, se resistían a aceptar la responsabilidad por su propio destino. "Cuando los rusos vienen a verme dicen 'Doctor, tengo problemas, ¡ayúdeme a conseguir un marido! ¿Cómo es que no me encuentra un marido?'", dijo Kurpatov. "Aquí estamos tratando de transmitir la noción del espacio personal, de la responsabilidad personal por la propia vida y las propias decisiones".

 
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