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Según una encuesta, de los siete pecados capitales enumerados por Tomás Aquino sólo la ambición sigue siendo considerado como un pasaporte al “infierno”. ¿Cuáles son los del siglo XXI? Quedarnos en la cama todo el día, darnos un atracón de chocolate y ser lujuriosos hasta la médula no nos va a mandar derechito al infierno. La mayoría de la gente cree que los siete pecados capitales están pasados de moda y que las transgresiones tradicionales como la pereza, la gula y la lujuria no tendrían por qué impedirnos cruzar las puertas perladas del cielo.
Hoy se cree que la crueldad es el peor pecado que alguien puede cometer, seguido por el adulterio, el fanatismo, la deshonestidad, la hipocresía y el egoísmo. De los siete pecados capitales enumerados por Tomás Aquino en el siglo XIII, sólo la ambición sigue siendo considerada como un pasaporte seguro a la maldición eterna. La ira es el pecado tradicional que cometemos con mayor frecuencia, seguido por el orgullo, la envidia, la gula, la lujuria, la holgazanería y la ambición. No sorprende que disfrutemos de la lujuria y de la gula, pero, según una encuesta de 1.001 adultos realizada para la BBC, el placer que nos ofrece la ira y la envidia es mínimo. El 9 por ciento de los participantes dijo que nunca había cometido ninguno de los siete pecados capitales. Roger Trigg, profesor de filosofía de la Universidad Warwick en el centro de Inglaterra, dijo que la palabra pecado podía parecer “tremendamente anticuada y prejuiciosa”. Pero agregó que un examen minucioso de la lista de los vicios de hoy sugería que no eran tan diferentes de los siete pecados capitales. “No diría que fue sólo un caso de semántica porque puede haber un cambio en las percepciones morales, pero con mucha frecuencia la gente se queja de las mismas cosas que las antiguas palabras intentaban describir”, dijo. “Por ejemplo, la ira muy a menudo resultaría en crueldad y lo que mucha gente dice sobre la lujuria es que es una forma de egoísmo”. Pero Ross Kelly, presentador del programa de la BBC que encargó la encuesta, cree que hubo un cambio genuino en la actitud hacia el pecado. “Estamos menos preocupados por los siete pecados capitales y más preocupados por las acciones que lastiman a otros”, dijo. “Por ejemplo, nos preocupa menos la ira que la crueldad, y, si bien muchos disfrutamos realmente de la lujuria, seguimos frunciendo el ceño frente al adulterio”. El padre Alban McCoy, un capellán católico de la Universidad de Cambridge, cree que los siete pecados capitales siguen siendo relevantes en la vida moderna. “La naturaleza humana cambia, pero muchas cosas en ella siguen siendo iguales. Los siete pecados capitales siguen siendo una manera válida de describir las propensiones más profundas y más corrosivas que todos compartimos. Se manifiestan de diferentes maneras en la situación actual, pero, en la raíz, son los mismos problemas”. Sin embargo, el reverendo Tim Silk, un ministro de la Iglesia de Inglaterra en la diócesis de Oxford, dijo que la lista podría verse favorecida con una actualización. “Pienso que los siete pecados capitales son como una foto en el tiempo. Emanan de la manera en que la gente respondía a la cultura en la que estaba inmersa y probablemente merezcan ser redactados de nuevo. Habrá que ver si podemos alguna vez encontrar siete pecados en los que todos coincidamos”. © The Guardian. |