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Tras varios años en que el precio del
crudo no logró influir de manera directa en las tasas de inflación
subyacente, finalmente su subida ha comenzado a afectar a este
importante cimiento de la economía estadounidense.
Sin embargo, y pese a la preocupación que los últimos datos han
generado en los mercados, el riesgo de una recesión similar a la que
otras escaladas del crudo provocaron en décadas pasadas parece aún
algo muy lejano.
Según dijo a EFE David Wyss, economista jefe de Standard &
Poor's, el alza del crudo aún no se ha traducido en grandes cambios
en las tasas de inflación subyacente (que no incluyen la variación
de los combustibles y los alimentos).
El martes pasado se informó de que el Indice de Precios al
Consumidor (IPC) subió un 0,5 por ciento en julio, por encima del
0,4 por ciento que esperaban los analistas.
Pero el indicador de inflación subyacente subió sólo un 0,1 por
ciento, menos que el 0,2 por ciento que esperaban los analistas.
En tanto hoy se informó de que el Indice de Precios al Productor
(IPP) subió en julio un uno por ciento, más que lo esperado por los
analistas.
Al descontar la variación de productos volátiles el alza fue de
un 0,4 por ciento, por encima del 0,1 por ciento que esperaban los
expertos.
Pese a que los datos parecen mostrar un aumento de la inflación,
algo que inquietó a los inversores y analistas ayer y que provocó la
baja de las bolsas, Wyss explica que las tasas subyacentes en los
últimos doce meses siguen siendo moderadas.
Esto, porque la economía se encuentra protegida por una alta
productividad, que implica que los mayores costos para las empresas
son absorbidos por recortes de gastos, lo que impide que estos
mayores costos se traspasen a los consumidores.
Wyss agrega que las compañías estadounidenses tienen actualmente
niveles récord de ganancias que les permitirían absorber futuras
alzas de costos sin tener que sufrir demasiado.
Asimismo, la fortaleza del dólar de los últimos años se ha
traducido en un bajo precio de los productos importados, lo que pone
un límite a los precios que las compañías estadounidenses pueden
cobrar.
Finalmente, explica Wyss, el sector energético es actualmente
cerca del siete por ciento de la economía estadounidense, apenas la
mitad del catorce por ciento que representaba en 1981, durante la
última gran crisis petrolera.
Por eso, para Wyss no existe un riesgo muy grande de que los
actuales precios del crudo se traduzcan en problemas graves para la
economía, a menos de que el precio por barril de crudo suba hasta
los 100 dólares, nivel en que sí se comenzaría sentir verdadero
temor y en que las posibilidades de entrar en una recesión serían
muy altas.
Si por el lado de la inflación los peligros por ahora no son muy
alto, en materia de consumo los riesgos actuales tampoco parecen ser
son muy elevados.
Según dijo a EFE Neal Soss, economista jefe de Crédit Suisse
First Boston, ante un alza de los precios de los combustibles los
consumidores pueden hacer dos cosas: o disminuir sus gastos totales
o disminuir su ahorro.
Hasta ahora, explica el experto, lo que ha ocurrido es una baja
en las tasas de ahorro, por lo que no habría riesgo de que mayores
precios de la energía se traduzcan en un menor consumo, motor de
buena parte de la actividad económica estadounidense.
Tampoco hay riesgo de que este menor ahorro interno afecte la
actividad, pues es suplido con un alto nivel de inversión
extranjera.
Para Soss, sin embargo, un riesgo que aparece en el horizonte es
el futuro de las tasas de interés, que deberían seguir subiendo.
Esto, porque según los datos manejados por el banco de inversión,
la correlación entre la inflación y el precio del crudo ha cambiado.
Durante la recuperación que siguió a la breve recesión de 2001 el
alza del crudo no afectaba las tasas de inflación subyacente.
Ahora, sin embargo, es claro que hay una correlación entre ambos,
y esto implica que las autoridades monetarias continuarán con su
política de elevar las tasas de interés, lo que junto con afectar el
rendimiento de las bolsas, a la larga se traduce también en un menor
dinamismo económico.
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