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Malagueño con genes y cuerpo de chicarrón del norte,
Kepa Blanco González (Marbella, 13-1-84) es la nueva sensación de la
cantera sevillista tras marcar el gol de la victoria en la presentación
de la era Juande Ramos ante el Racing. Con 21 años dejó en el banquillo
a dos figuras mundiales llamados a ocupar la vacante de Baptista en el
corazón de la hinchada. Saviola y Luis Fabiano calentaban banquillo
cuando el ariete ya cantaba su bautismo goleador en Primera.
Kepa,
en el tradicional acto ante la Virgen de los Reyes, patrona de la
ciudad, era ayer el hombre más buscado en la Catedral de Sevilla, pero
hace algo más de un mes no tenía nada claro su futuro. Acudió a la
concentración de pretemporada en Cartaya casi como invitado, pues la
interminable lesión de Makukula y la falta de efectivos arriba (no
habían llegado ni Saviola ni Kanoute) así lo aconsejaban, aunque el
club apuntaban a una cesión, pues había tocado techo en el filial del
ex mundialista Manolo Jiménez y que rozó el ascenso tras quedar campeón
del grupo IV. Kepa, autor de 24 tantos, terminó el año como máximo
goleador de los cuatro grupos de Segunda B, por encima del madridista
Soldado. Habitual en las convocatorias de las selecciones inferiores,
Kepa acudió a los Juegos Mediterráneos que la selección sub 22 disputó
en Almería y un gol suyo le dio a España el oro ante Turquía.
Llegó
al trabajo en julio con la primera plantilla sevillista pleno de
afinamiento y, con más de dos semanas de trabajo de ventaja sobre sus
compañeros, enseguida empezó a llamar la atención. Con sólo un año de
contrato por delante y equipos en cola preguntando por su situación,
seguía sin saber nada de su futuro. "Sé que me lo juego todo este
verano. Hay equipos interesados, pero mi único deseo es quedarme. Sólo
quiero que, si deciden que no, que me lo digan con tiempo", decía.
Inquieto, pero con el respaldo de ofertas de Osasuna o Celta, Kepa
anotó ocho goles en la pretemporada, erigiéndose en el máximo artillero
de la plantilla sin tener aún claro qué iba a pasar con él. Fue
entonces cuando Juande dio el OK. Kepa amplió su contrato hasta junio
de 2009 una semana antes del comienzo de la Liga, cuando se decidía que
Antoñito iba a ser cedido al Racing. La cláusula de rescisión ascendía
a 30 millones de euros.
Sigue la estela de otros
muchos productos de la cantera sevillista, Reyes, José Mari, Gallardo,
Antoñito..., pero es de un corte distinto, quizá más parecido a Salva.
Es un rematador puro desde que llegó a Nervión procedente del Marbella,
donde los técnicos del Sevilla lo vieron despuntar en Tercera División.
Comenzó en los juveniles y en dos años con el filial lo llevó en sendas
temporadas al play off de ascenso. El del pasado domingo no es su debut
en el primer equipo, Caparrós lo hizo debutar en la UEFA ante el AEK de
Atenas. Aquel día provocó un penalti, pero no le dio tiempo a mucho
más, ya que no recibiría apenas más oportunidades del entrenador
utrerano.
Su ascendencia norteña -su madre es vasca-
hace que desde hace varios años los técnicos del Athletic sigan su
evolución e incluso el Sevilla llegó a pensar en su primer año en el
club en una cesión al Eibar, ahora descartada
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