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Se equivocó Markus Merk Imprimir E-Mail
Es bueno hacer un ejercicio, tratar de instalarse por un momento en la piel y en la mente de Markus Merk cuando autoriza un cambio en el equipo argentino: sale Lisandro López y entra Lionel Messi.

Uno lo ha visto dirigir muchas veces a Merk. Es alemán, tiene trayectoria, tanto la FIFA como la UEFA le confiaron partidos muy importantes; no hay dudas: es un buen árbitro. Y en esa condición se recuerda su rigurosidad; ama el reglamento por sobre todas las cosas. Por eso mismo, en tales trascendentes compromisos, jugó (los jueces utilizan siempre esta palabra aunque no suene afín con su misión) abrazado al espíritu del fútbol. No todo es penal dentro del área, no todo es foul en cualquier lugar de la cancha, no toda infracción significa tarjeta amarilla o roja. Lo que hacen Horacio Elizondo o Héctor Baldassi, que son los mejores pitos que tiene la Argentino, ambos de jerarquía internacional.

Merk, como hombre de fútbol que es, sabía que con el ingreso de Messi se estaba produciendo el debut internacional de una de las promesas de crack que tiene el mundo por estos tiempos. Lionel juega en Barcelona y el mundo del fútbol está más globalizado que el mundo mismo sin aditamento alguno. Esto es casi seguro al 99%. Y si no lo sabía (le cabe el derecho), no ignoraba, esto es seguro al 100%, que estaba arbitrando un simple partido amistoso de mitad de semana, de esos que sirven (bajo todos los cielos) para ir modelando los equipos para Alemania.

Una de las cámaras de TV mostró su perfecta ubicación en la jugada. Estaba corriendo casi al lado de los protagonistas de la acción; el húngaro que lo venía agarrando de la camiseta y el argentino que pese a ello atacaba en forma decidida, buscando el área y el arco de enfrente. Vio mejor que nadie cómo Messi por dos veces trató de zafar y cómo en una tercera su codo pasó cerca o rozó la cara de su marcador con un gesto quizás instintivo.

Para un árbitro de la experiencia internacional de Merk esto no puede ser uno de esos codazos (golpe o intento) que tratan de agredir y lastimar al rival. Hay mucha distancia de una cosa a la otra.

Su decisión posterior, una vez cobrado el foul del húngaro, fue amonestar al defensor y expulsar al argentino, una exageración por donde se mire, digna de un juez debutante que busca hacer fama por vía del absurdo. Que no es el caso habitual de Merk, al que uno ha visto jugar (se insiste) en partidos mucho más trascendentales con la decisión de honrar el espectáculo sin herir ni manchar el espíritu del reglamento.

Los argentinos, José Pekerman en particular (que lo convocó) y el mundo del fútbol todo se quedaron con la ganas de ver a Messi en acción, en el fútbol mayor, en la gran vidriera internacional.

En este juego de suposiciones no estaría mal cambiar el enfoque. Por ahí y sin que haya sido su intención, Merk le hizo a Messi un gran favor. Lionel, el pibe de Rosario, en cinco segundos aprendió una lección mayúscula. Primero tendrá que hacerse la fama, el nombre, a fuerza de personalidad, juego y, en su caso, goles, de esos que valen mucho. Después tendrá formas y maneras de gozar el respeto de rivales y árbitros. La cancha es una feria de vanidades y a veces un señor Merk cree que su pito suena como un piano de concierto.
 
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