Como cada verano de los últimos años, los habitantes de Europa meridional
son testigos horrorizados de los incendios que consumen cientos de miles de
hectáreas de bosques.
Los europeos que viven en las zonas francesas cercanas al mar Mediterráneo,
en España, Grecia, Italia y Portugal observan impotentes los siniestros que
no se detienen pese a las innovaciones tecnológicas en prevención y control
del fuego.
En lo que va del actual verano boreal, los incendios han destruido en
España unas 100.000 hectáreas de bosques, en Portugal 140.000, y en
Francia unas 15.000.
De acuerdo con estadísticas oficiales de España, los incendios forestales
pasaron de menos de cinco mil al año en la década de 1960, a más de 20.000
en la actualidad. La superficie afectada aumentó de manera similar, de
menos de 60.000 hectáreas anuales 40 años atrás, a unas 400.000 en las
peores temporadas de los últimos años.
Según el Ministerio del Medio Ambiente de España, se registra un aumento de
24,8 por ciento en los incendios de esta temporada respecto del mismo
período de 2004.
También crece la cantidad de siniestros de grandes proporciones, aquellos
en los que arden más de 500 hectáreas, hasta situarse en la cifra más alta
del último decenio. El año pasado, las autoridades españolas contaron 13 de
estos grandes fuegos y en lo que va de 2005 ya llegan a 17.
Cifras similares son válidas para la región de Francia meridional y para
Portugal, Italia y Grecia.
A fines de julio, la Dirección General Forestal de Portugal informó que en
el último lustro el fuego consumió 820.000 hectáreas de bosques, casi un
cuarto de los 3,4 millones de hectáreas que componen el área forestal total
de ese país.
La tendencia es más alarmante, pues la capacidad técnica de extinción de
incendios ha mejorado considerablemente desde 1970.
Especialistas afirman que las causas de la recurrencia y gravedad del fuego
son varias. Inciden factores climáticos asociados al calentamiento global
del planeta, como temperaturas extraordinariamente elevadas en el verano y
falta crónica de lluvias. Pero también se cuentan errores graves en los
planes de reforestación, descuidos de turistas y prácticas criminales
asociadas con la especulación inmobiliaria.
Estaciones meteorológicas de algunas regiones de Portugal, Francia, y
España han medido este verano temperaturas superiores a los 40 grados. Esta
canícula, asociada a una sequía sin precedentes, crea condiciones ideales
para el fuego, a las que se suman acciones irresponsables de turistas y
agricultores.
Además, durante las medidas recientes de reforestación, las autoridades
cometieron el error de plantar monocultivos de coníferas, que tienden a
secarse rápidamente y a arder al menor contacto con el fuego.
Alrededor de 50 por ciento de los incendios forestales que ocurren en
territorio español son de origen intencional. Y el Ministerio del Interior
francés informó de la detención de unos 100 pirómanos en julio y agosto,
mientras en Portugal, la policía ha capturado a unos 70 incendiarios.
Según fuentes policiales francesas, los incendios provocados tienen el
propósito de facilitar la obtención futura de permisos de construcción urbana.
Una vez que una zona ha perdido sus bosques por el fuego, estos permisos
son otorgados más fácilmente, dijo a Tierramérica una fuente policial
francesa que no quiso dar su nombre. Así, la destrucción intencional del
bosque mediante fuego crea condiciones para expandir la urbanización a
zonas antes restringidas.
Para Humberto da Cruz, director del Instituto de Estudios y Cooperación
para la Cuenca del Mediterráneo y ex director del español Instituto para la
Conservación de la Naturaleza, una manera de reducir los incendios
intencionales es establecer "prohibiciones drásticas de cambios en el uso
del suelo durante largos períodos después de un siniestro".
Los incendios han sido agravados por decisiones políticas.
En Francia, el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, prohibió desde el 31
de julio el uso de aviones hidrantes del tipo CL-215 de la fabricante
Canadair, después de que una de estas aeronaves se estrelló contra una
montaña en la sudoriental isla de Córcega, sobre el Mediterráneo, mientras
participaba en una operación contra un incendio. En el accidente murieron
dos bomberos.
Sarkozy dijo que en tanto no se esclarecieran las circunstancias del
accidente, la flotilla de aviones Canadair no sería utilizada, una
prohibición que complica extraordinariamente la ya difícil tarea de los
bomberos a lo largo del litoral mediterráneo.
En España y Portugal, los incendios también han matado personas, sobre todo
bomberos.
Los incendios en Francia obligaron a suspender temporalmente el servicio de
ferrocarriles y el abastecimiento eléctrico a la región mediterránea, entre
Marsella y Niza, y a evacuar muchos poblados y centros turísticos.
* El autor es corresponsal de IPS. Publicado originalmente el 13 de agosto
por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.
|