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El rey Fahd de Arabia Saudí
murió el lunes y el príncipe heredero Abdulá fue nombrado rápidamente
como nuevo monarca del mayor
exportador de petróleo del mundo y uno de los principales aliados de
Estados Unidos, al tiempo que el crudo ligero estadounidense repuntaba
tras la noticia.
"Con gran pesar y dolor,
la Corte Real (...) lamenta la muerte del Custodio de las Dos Mezquitas
Sagradas Rey Fahd debido a una enfermedad", dijo un
comunicado oficial leído en la televisión estatal saudí.
Una fuente saudí dijo que la política petrolera del reino no será modificada tras la muerte del monarca.
Varios diplomáticos
dijeron que no preveían cambios en la política exterior bajo el nuevo
rey, quien, como príncipe de la corona, ha dirigido los asuntos
diarios del país desde que Fahd sufrió un derrame cerebral en 1995.
El comunicado explicó que
el ministro de Defensa, el príncipe Sultán, se ha convertido en el
nuevo príncipe de la corona. Sultán nació en 1924, al igual que Abdulá.
El crudo ligero
estadounidense subía 49 centavos, a 61,06 dólares por barril, poco
después del anuncio del fallecimiento. La bolsa de valores saudí, la
mayor de los países árabes, suspendió las transacciones, dijo un
operador.
Fahd, quien se cree tenía
83 años de edad y no gozaba de buena salud, fue ingresado en el
hospital el 27 de mayo con un cuadro de neumonía aguda.
En los últimos dos años,
el reino se ha enfrentado una violenta campaña de Al Qaeda para
terminar con las siete décadas de gobierno de su familia real en
el país que alberga los santuarios más sagrados del Islam.
En El Cairo, un
funcionario de la Liga Árabe dijo que una cumbre que se iba a realizar
en Egipto esta semana se ha postergado algunos días.
REINADO MARCADO POR GUERRAS, AL QAEDA
Fahd ascendió al trono de
una de las naciones más ricas del mundo en junio de 1982, en la cima
del auge de los "petrodólares", pero su reinado de 23
años estuvo marcado por tres guerras regionales y, en los últimos años
de vida del rey, por el activismo de Al Qaeda.
Su fuerte alianza con
Washington y su decisión en 1990 de permitir el emplazamiento de
fuerzas estadounidenses en la cuna del Islam enfureció a los
extremistas leales al saudí Osama bin Laden, líder de Al Qaeda.
Bin Laden ha calificado a
la familia real saudí de "agentes y marionetas" de Estados Unidos y ha
descrito a su gobierno como una "extensión de las guerras
de los cruzados contra los musulmanes".
Las tropas
estadounidenses permanecieron hasta la invasión de Irak en 2003 y el
derrocamiento del presidente iraquí Sadam Husein.
Una serie de atentados
suicidas en la capital saudí dos años después subrayaron el
enfrentamiento del Gobierno con la insurgencia local, mientras su
alianza
estratégica con Washington, centrada en el petróleo y la seguridad en
el Golfo Pérsico, había alcanzado un punto de crisis.
Pero las relaciones
mejoraron después de una intensa iniciativa diplomática por parte de
ambos países y también debido al respaldo de Riad a la guerra
liderada por Estados Unidos contra el terrorismo.
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