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Nacido
en Wadowice, Polonia, el 18 de Mayo de 1920, Karol Wojtyla rompió más
barreras y moldes que sus predecesores en la silla de San Pedro.
Hijo de un militar de profundas raíces religiosas, y de una matrona
de origen lituano, quedó huérfano y sin familiares directos antes de
cumplir los 21 años, una experiencia que lo marcó en toda su vida.
Comenzó a cultivar su amor por la lectura y los clásicos, un interés
que fue catapultado por el Cardenal Adam Sapieha, su gran inspirador y
protector en Polonia, gracias al cual decidió hacerse sacerdote.
En 1938 se inscribe en la Universidad Jallegónica, para estudiar
filología polaca. Cuando Hitler ordena el cierre de todas las
universidades, ayuda a fundar una Universidad clandestina, donde
realiza parte de sus estudios de sacerdocio.
Para evitar su deportación a Alemania trabaja como picapedrero y
luego como obrero en una fábrica química, al tiempo que ayudaba a
familias judías a eludir la persecución nazi.
Es en esta época cuando integra grupos clandestinos de actuación,
como el Teatro Rapsódico, que sesionaba en un piso céntrico de Cracovia.
De hecho, Wojtyla comenzó a escribir dramas a los 20 años, con temas bíblicos, y ya componía poesía desde los 16.
Se ordenó sacerdote el 1 de noviembre de 1946 a los 26 años de edad.
Poco tiempo después obtuvo una licenciatura en Teología y un doctorado
en Filosofía en Roma.
Trabaja como párroco y pastor de universitarios en Cracovia,
mientras imparte clases de ética y de teología moral en la Universidad
Católica de Lublin y en la Universidad Estatal de Cracovia.
En 1958 obtuvo el nombramiento como Obispo Auxiliar de Cracovia a los 38 años, convirtiéndose en prelado más joven de Polonia.
Durante sus visitas a Roma desarrolló su inclinación natural a los
idiomas. En realidad, cuando terminó la educación secundaria, Wojtyla
ya hablaba con soltura el latín y leía en griego y alemán. Aprendió el
español cuando escribió su tesis de Teología sobre la poesía mística de
San Juan de la Cruz.
Cuando el papa Juan XXIII sacudió al mundo católico al convocar al
Concilio Vaticano II (el primero había sido en 1869), el joven obispo
polaco fue llamado a participar en las deliberaciones.
El futuro Papa participó en las comisiones que redactaron dos de los más importantes documentos del concilio: Lumen Gentium, la constitución dogmática sobre la Iglesia; y Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo moderno. Pronunció seis discursos en impecable latín que le ganaron fama en la iglesia mundial.
En 1964 se convierte en obispo titular de Cracovia, y dos años
después asciende a Arzobispo, cuando Cracovia pasa a ser Arquidiócesis
por decisión del papa Pablo VI.
De hecho Pablo VI fue uno de sus poderosos protectores. Wojtyla
logró captar la atención del papa Montini a tal nivel que obtuvo el
capelo cardenalicio en 1967, a la temprana edad de 47 años.
Wojtyla se convirtió en la figura más importante del episcopado
polaco. Al tiempo que viajaba por todo el hemisferio occidental cada
vez que las autoridades comunistas se lo permitían, invitaba a Cracovia
a cardenales y obispos extranjeros. Simultáneamente organizaba
simposios y conferencias de teólogos, filósofos, científicos, médicos,
abogados, escritores y periodistas para conocer sus materias
respectivas y su impacto en la sociedad polaca.
En esa época tuvo su primer conflicto con el poder comunista:
construyó una iglesia en la localidad de Nowa Huta, en contra de las
autoridades, el prólogo al sutil enfrentamiento que sostendría
posteriormente con el general Wojciech Jaruzelsky durante los años 80.
En 1978, a la muerte de Juan Pablo I, el papa que había sucedido a
Pablo VI, es electo Sumo Pontífice a la edad de 58 años, el más joven
del siglo XX.
Inicia sus largos periplos sin precedentes en 1979, con un viaje a
República Dominicana y México, al que seguirían más de un centenar en
26 años de pontificado.
Ese mismo año publica Redemptor Hominis (Redentor de los Hombres), la primera de 14 encíclicas que publicará en vida.
El 13 de mayo de 1981 en la plaza vaticana, el terrorista turco Ali
Agca le disparó dos tiros que a punto estuvieron de costarle la vida.
Juan Pablo II siempre mantuvo que se salvó por la intervención de la
Virgen.
A mediados de los años 80 desarrolló una compleja diplomacia que
ayudó a derrumbar el bloque comunista. Su apoyo decisivo al movimiento
Solidaridad, dirigido por el carismático Lech Walesa inició la chispa
que se diseminó por toda Europa del Este y que concluyó con la elección
de Walesa como presidente de Polonia en 1990.
Este período decisivo coincidió con el gobierno del presidente
norteamericano Ronald Reagan, con quien el papa Wojtyla sostuvo una
relación deferente. Según los expertos, ambos líderes jugaron un papel
crucial para el derrumbe del imperio soviético.
Anticipando un período de profundos cambios políticos, el líder
Mijail Gorbachov lo visitó en diciembre de 1989 en el Vaticano, la
primera visita de un mandatario soviético.
El propio Gorbachov expresaría el papel desempeñado por Juan Pablo
II en la apertura de la cortina de hierro: ``lo que pasó en Europa del
Este en años recientes no hubiera sido posible sin la presencia de este
Papa, sin el gran rol incluso político que ha jugado en la escena
mundial''.
Combatió con ahínco manifestaciones ideológicas como la Teología de
la Liberación y la Nueva Era. Enfrentó abiertamente gobiernos
izquierdistas como la Polonia de Jaruzelsky y la Nicaragua sandinista
de Daniel Ortega, y sometió disciplinariamente a teólogos de renombre
como el brasileño Leonardo Boff y el suizo Hans Kung.
Al mismo tiempo pronunció abiertas condenas contra el régimen del
Apartheid, la Mafia italiana, la Guerra del Golfo y más recientemente,
la Guerra de Irak. También fue un agudo crítico de los defectos del
capitalismo.
En 1986 realizó una sorpresiva visita a la Sinagoga mayor de Roma,
la primera de un pontífice. En el 2001 se convirtió en el primer papa
en visitar una mezquita en un país islámico, en Siria.
En el 2000 pidió perdón públicamente ``por los pecados y faltas
cometidas o condonadas por la iglesia en 2,000 años de su historia''.
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