El ex primer ministro libanés Rafik Hariri, un multimillonario que lideró al Líbano tras concluir la guerra civil en 1990, murió ayer junto con otras nueve personas, en un atentado con coche bomba perpetrado apenas seis meses después de que abandonara el cargo tras un enfrentamiento con Siria.
El atentado, que también dejó 100 heridos, hace temer un nuevo período de inestabilidad y un ajuste de cuentas entre rivales políticos en el Líbano, donde una guerra civil dejó más de 100.000 muertos entre 1975 y 1990, y un agravamiento de la confrontación con Siria, que tiene unos 15.000 soldados emplazados en el país.
El asesinato de Hariri, que también tenía la nacionalidad saudita, fue reivindicado por el grupo Organización de la Victoria y la Yihad (Guerra Santa) en los países del Sham (Siria, el Líbano, Jordania y Palestina), hasta ayer desconocido.
El grupo afirmó en un video que su intención fue castigar a Hariri por su apoyo al régimen saudita, que emprendió una campaña contra la red terrorista Al-Qaeda.
Sin embargo, sólo horas después de ocurrido el atentado que devolvió la violencia a las calles de Beirut, la oposición libanesa responsabilizó del asesinato a Siria y al régimen del presidente del Líbano, Emile Lahoud. Reclamó además que investigue una "comisión de investigación internacional" debido su "absoluta falta de confianza" en el gobierno.
Mientras tanto, miles de seguidores de Hariri se manifestaban en las calles de Beirut gritando consignas contra Siria, país que ejerce un poder tácito sobre el Líbano. "Siria afuera, queremos un Líbano libre e independiente", decían los manifestantes.
Por su parte, el presidente sirio, Bashar al-Assad, denunció este "terrible acto criminal" y pidió "al pueblo libanés que refuerce su unidad nacional y denuncie a quienes quieren sembrar cizaña y división" en el país.
Horas más tarde, el ejército libanés declaró el estado de alerta total en el país.
Hariri formaba parte de la oposición, aunque sin declararlo de modo oficial, y no se descartaba que obtuviera una victoria aplastante en las próximas elecciones legislativas, previstas para abril o mayo, lo que le hubiese permitido volver al poder.
El ex primer ministro se oponía a la prórroga del mandato del presidente Lahoud, con quien nunca se entendió, aunque empujado por Siria votó a favor de ésta. En octubre pasado, luego de que se aprobó la reelección del mandatario, dimitió como primer ministro, pero mantuvo su escaño de diputado.
El atentado contra Hariri, registrado alrededor de las 13, hora local, ocurrió poco después de que éste abandonara el Parlamento tras una sesión en la que se estudiaba la próxima ley electoral.
El ex premier se dirigía a su domicilio cuando se produjo el estallido, cerca del Hotel San Jorge, de Beirut. Su cuerpo fue despedazado y quemado por la explosión; Hariri murió antes de llegar al hospital de la Universidad Americana de Beirut.
Así lo indicó el hospital en un comunicado, en el que afirmó además que otras 100 personas resultaron heridas. Entre ellas se contaba el ex ministro de Economía Bassem Freija, miembro del bloque parlamentario de Hariri.
La explosión fue producida por un coche bomba, que hizo un inmenso cráter, incendió varios vehículos, rompió vidrios, torció hierros y derribó muros a varios centenares de metros del lugar del estallido.
Centenares de libaneses se trasladaron al lugar del atentado; la angustia y la desesperación se leían en sus rostros. "Que Dios nos ayude y tenga piedad de nosotros", afirmó una mujer en llanto, mientras otros se preguntaban: "¿Qué más quieren de nosotros? ¿Cuánto más vamos a sufrir?"
Acusaciones cruzadas
El Consejo Supremo de Defensa, encabezado por el presidente Lahoud, condenó el atentado, decretó tres días de duelo oficial y pidió a las fuerzas armadas y a la policía que tomen las medidas pertinentes para mantener la seguridad del país. En tanto, el actual primer ministro, Omar Karame, atribuyó el ataque a Israel.
También el vocero de la cancillería iraní, Hamid Reza Assefi, manifestó la sospecha de que Israel pueda estar detrás del atentado. Por su parte, el jefe de la diplomacia israelí, Sylvan Shalom, apuntó a Siria como posible responsable.
En el resto del mundo, las reacciones fueron unánimes y amenazantes. Estados Unidos afirmó que examinará, junto con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y otros gobiernos de la región, "las medidas que pueden ser tomadas para castigar a los responsables de este ataque terrorista, así como para restaurar la independencia, la soberanía y la democracia del Líbano, libre de toda ocupación extranjera".
Washington llama frecuentemente a Damasco a tomar las medidas necesarias para "la aplicación total" de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad, que exige el retiro de las tropas sirias del Líbano y el fin de su injerencia en los asuntos internos de este país.
El canciller español, Miguel Angel Moratinos, advirtió que el asesinato de Hariri constituye "un golpe muy grave" a los "frágiles equilibrios" de la volátil región de Medio Oriente.
El secretario general de la Liga Arabe, Amro Musa, calificó el atentado de "acto criminal" y se lamentó de que sea un intento de "sembrar la sedición en el Líbano".
Hariri lideró la reconstrucción del país después de la guerra civil que concluyó en 1990. Pero pasó a la oposición luego de abandonar el cargo en octubre y criticó el controvertido papel que desempeña Siria en El Líbano.
Diplomáticos occidentales indicaron que su asesinato provocará seguramente un retroceso en el avance gradual del país hacia la normalidad, después de la devastadora guerra civil que terminó en 1990.
En un futuro inmediato, podría provocar la postergación de las elecciones parlamentarias programadas para abril y mayo.
A largo plazo, los políticos de ambas partes del espectro político temen que el verdadero objetivo sea acabar con la pacífica coexistencia entre cristianos y musulmanes alcanzada en el país desde el fin de la guerra. |