En Cuba el alcoholismo no constituye
un problema de salud, no obstante, las instituciones sanitarias
trabajan en la prevención de esta enfermedad, en coordinación con el
nivel de atención primaria, y se llevan a cabo estrategias educativas
encaminadas a disminuir cada vez más su incidencia en grupos
vulnerables.
El dios griego Baco, creador del buen vino
que acompañaba los momentos alegres y las llamadas "bacanales", nunca
pensó que la adicción a tal bebida pudiera convertirse en una
enfermedad, y que a la altura del tercer milenio sus consecuencias
dañinas fueran semejantes a las de una plaga, con lamentables
consecuencias para el individuo adicto y para la sociedad en general.
La ingestión excesiva de bebidas
alcohólicas es uno de los malos hábitos que más afecta a la población
mundial, y sus efectos negativos perjudican no solo al alcohólico, sino
también a su familia y a la comunidad que le rodea, y para su atención
adecuada se requieren programas interdisciplinarios que abarquen no
solo la curación, sino la prevención del problema.
Si bien en la actualidad algunos
consideran que el vino en pequeñas cantidades es favorable al organismo
humano, pues propicia la dilatación de las arterias y es, además,
antioxidante, en dosis más altas resulta muy tóxico. Por la progresión
en que se ha ido extendiendo en el orbe, el alcoholismo se considera
una enfermedad social, cada vez más inquietante para los especialistas,
y más difícil de afrontar por quienes se han dejado arrastrar a sus
redes.
¿Quién soy?¿Qué soy?
Los
daños diversos que el alcohol va provocando en el individuo, y que no
son solo los hepáticos y neurológicos, van llevando al adicto a un
estado psíquico en el cual se entremezclan la frustración, la psicosis,
la depresión, la inseguridad, la agresividad, y este comportamiento lo
va conduciendo paulatinamente a la pérdida del afecto y del
reconocimiento por parte de los seres más queridos y más cercanos, al
rechazo familiar, la disolución del matrimonio, el abandono de las
amistades, el repudio de la comunidad, y a más largo plazo tiene lugar
la muerte física y la muerte social del aquejado.
El alcoholismo puede incluso
trasmitirse a las generaciones sucesoras, pues se ha comprobado que uno
de los orígenes del mal es hereditario. O sea, que a través de herencia
genética, un alcohólico puede legar la enfermedad a sus descendientes.
El consumo regular de alcohol
también genera una malnutricón secundaria, por las afectaciones que
hace a la digestión y a la absorción de nutrientes. Respecto al daño
hepático, este consiste en la transformación grasa del hígado, y su
conversión en hígado graso y cirrótico. En los centros neurológicos, el
cerebro y nervios periféricos los perjuicios pueden llevar a la
polineuritis, con trastornos y dolor en la marcha, y comienzan a
aparecer otros eventos asociados como cuadros demenciales agresivos,
cuyo final es la demencia o psicosis de Korzakoff. En el sistema
nervioso central provoca primero una disminución sensorial, y después
la inhibición de esta actividad.
El individuo ebrio experimenta
sensaciones de euforia y liberación, lo cual lo conducen a actos de
imprudencia ante las acciones más normales de la vida cotidiana, junto
a una disminución ostensible de los reflejos.
Atrapado y con difícil salida
Al
individuo atrapado por esta dependencia le cuesta mucho salir de ella,
aún llevando planes psiquiátricos, psicológicos, farmacológicos. Sin
embargo, un buen apoyo ofrecen a estos enfermos las terapias mediante
grupos de ayuda, como por ejemplo Alcohólicos Anónimos, que desarrolla
una serie de tratamientos dirigidos a los enfermos de recuperación más
complicada. En ello asume relevancia la voluntad y deseos del
dependiente de cooperar, así como los colectivos de emergencias, que
socorren de inmediato al individuo en momentos cuando está próximo a la
crisis.
Los países con mayor incidencia de
alcoholismo tienen pérdidas millonarias por la falta de horas de
trabajo, accidentes y muertes vinculadas al comportamiento de estos
adictos.
En Cuba, el sistema nacional de
salud posee una infraestructura que permite el ingreso, atención y
recuperación de estos pacientes, en lo cual destaca el papel activo que
juega la familia para su rescate, así como el fomento de nuevos estilos
de vida para evitar las recaídas.
El programa del Ministerio de Salud
Pública persigue además el diagnóstico precoz, y el seguimiento y
rehabilitación de los dependientes, mediante un tratamiento
multidisciplinario, en el que participan clínicos, psiquiatras y
psicólogos, con la colaboración familiar y de los grupos de asistencia.
El alcoholismo y los accidentes
Una de las actividades cotidianas en que los efectos nocivos del
alcohol causa más estragos es en el tránsito. Si conocemos que la
bebida en exceso produce nerviosismo, somnolencia, confusión
(inhibición de la conciencia) depresión, euforia, entre otras
reacciones, resulta fácil entender por qué cada vez se adoptan cifras
más bajas para los límites legales de alcohol en sangre.
Cerca de 14 millones de personas en
Estados Unidos -uno de cada 13 adultos- muestra dependencia por esas
bebidas. Estados entre los que figuran Utah, Oregón, Maine, California
y Vermont, junto a un grupo de países europeos, disminuyeron los
límites legales de alcohol en sangre, que anteriormente era del 0,10%,
y ahora de 0,08%. Sin embargo, los alcohólicos hacen caso omiso de esos
parámetros, no respetan las regulaciones establecidas, y terminan
involucrados en una muy alta cifra de las estadísticas de
accidentalidad.
Los efectos de este hábito
arrebatan a la humanidad cada minuto la vida de casi una decena de
personas, que mueren por esta razón, y el doble de esa cantidad sufre
lesiones por la misma causa. Tales cifras se incrementan anualmente,
sobre todo en los países antes citados, los cuales reportan los mayores
consumos en el planeta.
El Comité Regional de la
Organización Mundial de la Salud para Europa emprendió un programa de
acción contra el alcoholismo con objetivos bien definidos dentro de la
estrategia de Salud para Todos. El plan fue adoptado por los diversos
estados miembros de la región europea de la OMS. En conjunto pretende
crear un movimiento que respalde las actuaciones enraizadas en los
ámbitos local, nacional e internacional, y reduzca los riesgos para la
salud humana y para el bienestar social.
El abuso de las bebidas alcohólicas
abarca todos los sexos, razas y nacionalidades, pero este mal puede
tener solución con la participación activa de las personas allegadas al
dependiente, y de las organizaciones de su entorno de residencia.
Las experiencias de esas acciones
curativas y educativas en varias instituciones del país han demostrado
que hasta los casos más complicados pueden lograr una pronta y completa
recuperación, y esta exige después un seguimiento y atención adecuados.
Hasta que no sean descifradas las
causas primarias que condujeron al alcoholismo el problema no podrá ser
prevenido, y son los hábitos sociales correctos los que nos encaminarán
con paso seguro hacia la eliminación de esta dependencia.
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