Lo peor no es que no llueva sino que cuando llega la lluvia viene en
forma de tormentas que casi siempre producen más daño que beneficio.
Estamos gafados en esta provincia con el agua, pero gafados de siglos.
Vamos a peor con la sobreexplotación de los acuíferos, con las
dificultades para recibir agua del Tajo y con las negras perspectivas
para el trasvase Júcar-Vinalopó.
La pertinaz sequía es nada
comparada con la política de confrontación entre los dos grandes
partidos, radicalmente opuestos en la búsqueda de soluciones al
problema hídrico. Cuando parecía que una de las actuaciones para
resolver la situación, el trasvase del Júcar al Vinalopó, iba por el
buen camino del consenso político, aunque con algunas reticencias
socialistas, bastó que los regantes valencianos de la Ribera del Júcar
consideraran inviable trasvasar ochenta hectómetros cúbicos anuales
desde Cortes de Pallás para que el PSOE se sumara a unos informes
técnicos discutibles y paralizara varios tramos del trasvase por si
hubiera que cambiar el trazado (que todos dan por hecho) para tomar el
agua en Cullera, en la desembocadura del Júcar.
Es el PSOE el
que se ha unido a los regantes valencianos, mientras el PP se mantiene
fiel al proyecto de ejecución que beneficiaría a los regantes del
Vinalopó y a numerosas poblaciones que recibirían agua de más calidad.
El Consell no está siendo imparcial, ya que apoya a los regantes
alicantinos pero no -observen el matiz- contra los regantes
valencianos, sino contra el PSOE.
José Fortea, presidente de la
Acequia de Sueca, molesto con el conseller de Infraestructuras, García
Antón, por haberse puesto del lado de los regantes alicantinos, ha
pedido a Camps que lo destituya. No le gusta que tome parte por
Alicante y rechaza de plano que Antón acuse a los regantes valencianos
de que no se hayan modernizado los regadíos de las acequias del Júcar.
Item
más, el conseller es acosado también por el presidente de los
agricultores valencianos, Cristóbal Aguado, quien acaba de reivindicar
para municipios valencianos parte del agua sobrante y procedente de la
modernización de regadíos.
Por más que los regantes
valencianos acusen a los alicantinos de no querer un consenso, la
realidad es que se les quiere imponer el cambio de trazado. Pero eso no
compete a los regantes. Es responsabilidad del Gobierno.
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