La anorexia afecta, por lo general, a mujeres
jóvenes con falta de autoestima y temor a los conflictos. Se estima que
un 70% de las pacientes se cura. En este reportaje, una mirada a la
realidad de quienes conviven con este problema.
Aquisgrán (Alemania).
Claudia conoce todos los trucos: las papas cocidas desaparecen en un
bolsillo de su pantalón, al igual que los trozos de queso, mientras la
mantequilla del pan acaba raspada con el cuchillo bajo la silla.
Claudia sufre de anorexia. Mide 1,70 metros y en sus peores épocas ha
llegado a pesar 37 kilos, mucho más cerca de la muerte que de la vida.
La joven tiene 20 años y terminó recientemente los estudios de
secundaria. Acaba de enamorarse y piensa en lo que va a estudiar,
quizás turismo. Pero sabe lo rápido que pueden desvanecerse sus sueños
a causa de su deseo de adelgazar. "Cuando empiezo a bajar de peso, no
puedo parar", confiesa.
"Casi todas las niñas hacen dieta alguna vez. Pero un uno por ciento de
las que tienen entre 14 y 19 años son anoréxicas", asegura la psicóloga
alemana especializada en niños y jóvenes Beate Herpertz- Dahlmann.
Por lo general las chicas son las más afectadas y los científicos creen
que puede haber causas genéticas de la enfermedad, aunque no se sabe
qué es lo que activa ese gen.
Llama la atención el cuadro tan parecido que muestran las pacientes:
tienen falta de autoestima, son miedosas, temen los conflictos, se
adaptan y muestran problemas psicológicos. "Pero muchos adolescentes
tienen problemas psicológicos, y no todos se vuelven anoréxicos",
señala Herpertz-Dahlmann, por lo que los expertos creen que se trata de
una combinación de factores.
Cuando Claudia enfermó, pasaba por una época muy mala. A los 15 años,
era una deportista de competición y tras una pelea con el entrenador
decidió abandonar. "A causa de ello, mi padre dejó de hablarme durante
medio año", relata.
Como ya no hacía deporte, empezó a engordar, por lo que se puso a
dieta. Y al final ya no quería comer. "Todos me decían que estaba
enferma. Pero yo pensaba que eran estupideces", asegura, y añade que se
seguía viendo gorda pese a su bajo peso.
Cuando no era más que piel y huesos, terminó en el hospital, y a
continuación en la consulta psicológica juvenil, un lugar al que no
quiere volver. Hoy está en una vivienda comunitaria de la ciudad de
Aquisgrán para jóvenes anoréxicas y debe comer seis veces al día. Al
principio tenía que volver todas las veces del instituto y comer bajo
supervisión.
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