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Es que hay virus que van provocando... Imprimir E-Mail
Luego dirán que si hablar de virus es alarmismo, que si virus hay en todas las plataformas, o que si basta con tener un buen antivirus, pero me parece a mi que la cosa es un poco más grave...

La semana pasada, Hispasec, en su servicio de información de seguridad Una-al-Día, informaba que la nueva variante del gusano Sober se dedicaba a enviar propaganda neonazi. El tema neonazi ha provocado que el tema tenga una mayor relevancia de lo normal, pero no es ese el asunto que, a mi juicio, tiene la mayor gravedad, sino la misma existencia de este gusano.

La versión del gusano que realiza esta acción es la que cuenta con el sufijo Q. Esto lo que quiere decir es que antes ha habido una versión A, otra B, otra C... con lo que ya son unas pocas las versiones del gusano que han estado (si es que no continúan) circulando por esas redes de Dios. De hecho, antes de escribir esto he consultado una base de datos de antivirus, y Sober ya va ¡por la versión U!

Uno puede preguntarse, a día de hoy, con tanto virus y tanta porquería que circula, cuanto tiempo lleva la familia Sober dando la tabarra. Y la respuesta correcta es que desde Octubre de 2003. Con lo cual se acaba uno de los argumentos clásicos de los fabricantes de antivirus, y es el de su capacidad de reacción. A mi no me importa que me limpien puntualmente el ordenador infectado con una vacuna. Lo que realmente quiero es que me resuelvan el problema. Pues bien, este problema ya lleva más de un año y medio pendiente de solución.

Sober nunca ha sido calificado como un gusano de alto riesgo, ya que lo unico que hace realmente es propagarse. A quien le cobren su acceso a Internet por el consumo de tráfico sí que le hace un roto, pero los demás es posible que no sepan ni que están infectados. Mi gran duda es si la gente que se está pagando un antivirus de su bolsillo está realmente obteniendo el beneficio de la protección de todas las variantes de esta familia de virus, o si simplemente van pagando por las actualizaciones de la herramienta limpiadora de cada una de las versiones del virus. Porque si hay U versiones del virus, tambien habrá U versiones de la vacuna, que no, como he dicho antes, de la solución.

El segundo asunto que me llama la atención de este caso es que la versión Q en concreto, y alguna más como la U, ni siquiera se propagan, sino que las descarga una versión anterior del virus. Vamos, que el Sober es "tan majo" que se mantiene actualizado a sí mismo. Lo que no consigue ni Microsoft, que tiene que obligar a sus clientes a que se actualicen a la SP2 para tener determinados soportes, lo consigue el Sober con la gorra. Ya sé que no son casos comparables. Pero tampoco es comparable el poder de Microsoft con el del creador del virus.

El tercer asunto que me resulta preocupante es el hecho de que el medio de propagación del virus no es empleando el servicio de correo que tenga disponible el ordenador infectado, sino que incorpora su propio servicio SMTP de envío de correos. Esto demuestra que el programador del virus es enormemente habil, dado que Sober tiene ¡menos de 54 Kbytes! En un disquete de esos que ya nadie usa, cabrían 27 copias del virus y sobraría espacio, lo cual, si se añade que hay una enorme variabilidad en el texto del Asunto y del Mensaje, e incluso en el idioma (Alemán e Inglés), no puede menos que arrancarme la siguiente pregunta: ¿Cuantos programas tienes que ocupen menos de 1 CD? Pero más sorprendente aún que esa medida de eficacia en el desarrollo, me resulta la alarma de que nuestro ordenador pueda ejecutar un servicio de la importancia de un servidor de correo, sin que el sistema solicite la autorización del administrador. Si esto ocurriese, seguro que muchas menos instancias del gusano conseguirían propagarse. Y sin propagación, se acaba el gusano.

Este ultimo argumento me lleva al ultimo asunto. No logro entender como puede haber tanta gente (son millones los infectados por Sober) que continúa, a estas alturas, abriendo los anexos de mensajes de correo. Sé que hay casos en los que la combinación del remitente (que estaba infectado), con un Asunto especialmente eficaz, pueden llevarnos a confusión. Pero no nos engañemos, la mayoría de los casos son de curiosidad malsana, o de obtener un contenido que no nos corresponde.

Esto me recuerda un sainete de Carlos Arniches (Los Pobres) en el que los personajes, unos pícaros, concluyen que, mientras haya en el mundo un tonto listo a separarse de su dinero, siempre habrá un listo dispuesto a hacerse con él. Pues en este caso ocurre lo mismo. Lo que multiplica la propagación y la creación de virus, es el hecho de que las victimas los acepten, con la provechosa ayuda de quienes no los eliminan.
 
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