Agasajo preliminar
Para alcanzar el éxtasis en el amor, hay que poner toda la carne en el asador. Las puertas del placer no se abren de forma brusca. No, no, no, no. S-u-a-v-e-c-i-t-o, así... Debe haber besos y caricias por aquí y por allá, antes de que los cuerpos se entrelacen y acoplen. ¡Aaaaaahhhhh... quierooo!
Las puertas del placer no se abren de forma
brusca. El ambiente, los besos, las formas de desnudarse y entrar en
contacto, las caricias viajeras, el estímulo de las zonas erógenas y
los cambios de ritmo, de acuerdo a las técnicas orientales de la
sexualidad energética, permiten abrirlas suavemente, pero de par en
par.
Para alcanzar el éxito en el amor, hay que poner toda la carne en
el asador y no olvidar los pequeños detalles que hacen surgir todo el
encanto en las relaciones eróticas y que continuarán impregnándolo todo
cuando los cuerpos se entrelacen y acoplen.
El hombre debe hacer toda clase de preparativos antes de entrar en
acción y, antes de abordar los preliminares propiamente dichos, debe
crear un ambiente propicio y emplear hábilmente su psicología, antes de
acometer el más mínimo avance físico.
El resultado puede ser el éxtasis, si se siguen los preceptos de
la sexualidad energética oriental, basados en las energías
complementarias del "yang" o principio masculino, y el "yin" femenino,
las cuales producen la armonía y la vitalidad de la pareja, cuando las
satisfacciones sexuales son mutuas y perfectas.
Otro valioso aporte de la sexualidad china es el "tao", que
considera el acto amoroso como algo natural y lo eleva a la categoría
de un arte refinado de dimensión física y espiritual, capaz de procurar
a los amantes satisfacciones poderosas y prolongadas, aumentar la
duración de su vida y mejorar la salud.
Para la profesora de yoga, psicoterapeuta y orientalista Saïda
Elkefi, autora junto con el médico Pierre Jacquemart del libro "Extasis
Sexual", las distintas técnicas y métodos orientales son una eficaz y
sencilla herramienta para desarrollar la sexualidad, alcanzar la
intimidad emocional, y el éxtasis sensual.
EXTASIS SEXUAL
Aunque están enfocados desde la iniciativa masculina, cada uno de
los consejos de Elkefi y Jacquemart para alcanzar la maestría en los
prolegómenos amorosos, es un paso que nos acerca un poco más al dulce
paraíso del placer compartido:
• El escenario: No subestime la influencia de un ambiente de
tranquilidad y confianza, sin ruidos inquietantes ni interrupciones. La
luz de la habitación tamizada o la oscuridad en algunos casos, así como
los alimentos y bebidas excitantes al alcance de la mano, la música
escogida según los gustos de la pareja y otros detalles son bazas
importantes en el juego amoroso. • El aspecto: Aunque la mujer no suele tener dificultad para
valorarse y aparecer seductora ante su amante, no ocurre lo mismo con
la mayoría de los hombres, que a menudo no cuidan tanto su apariencia
física. A veces es conveniente hacer un esfuerzo para presentarse "ante
ella" con el mejor aspecto. • La conversación: Un factor fundamental consiste en que el
hombre sepa conducir la conversación y sea percibido desde el primer
momento en su mejor estado. Tiene que resultar amable e interesante,
hacer reír, saber contar historias divertidas o cautivadoras, pero
sobre todo persuadir a su compañera de que va a pasar con él momentos
especiales y satisfactorios.
• Los besos: Para los orientales, al igual que las caricias y los
contactos íntimos, los besos deben obedecer a fases largas y
progresivas que se suceden unas a otras. El beso sencillo, límpido y
sereno, en el que los labios unen sus salivas húmedas, es la primera
onda de la ola del amor. De forma natural, da paso al beso profundo, en
el que las puntas de las lenguas entran en contacto y se entrelazan
dando vueltas. Las presiones son cada vez más fuertes y se acompañan de
movimientos de la lengua en distintos sentidos. Finalmente llega el
beso penetrante, en el que cada amante introduce sucesivamente su
lengua en la boca del otro, en busca de contactos más profundos,
llegando incluso unos segundos a tocar el fondo de la garganta del
otro.
• El desnudo: Intensifica el juego erótico, que pasa a ser el del
"gato y el ratón" o el del "escondite", en el que el placer debe ser
sorprendido y puesto al descubierto.
• Las caricias: Al igual que los besos, que se van alejando del
rostro y el cuello, para repartirse por el resto de las zonas sensibles
o erógenas, las caricias se prodigarán por todo el cuerpo, en forma de
ligeras presiones, rozamientos, succiones o mordisqueos, excluyendo al
principio las regiones genitales y reservando estas partes más
exquisitas para más adelante. • Las zonas erógenas: En el hombre, las zonas más sensibles se
localizan cerca de sus áreas genitales, aunque también son sensibles,
en menor medida, el cuello, los pechos, el vientre, la cara interna de
los muslos y los pies. En la mujer, la región que más despierta sus
deseos sensuales son los senos, y otras zonas erógenas abarcan desde
los párpados, las mejillas y la oreja, hasta el cuello, las caderas, el
bajo vientre, la cara interior de los muslos o las axilas, pasando por
las plantas de los pies. Pero cada persona tiene sus puntos especiales, que hay que saber
detectar y actuar sobre ese nivel. Según los orientales, cuando el
hombre está recorriendo su cuerpo para estimularla, la mujer dirige su
mirada hacia la parte que le produce más placer, lo cual indica dónde
hay que intervenir y esforzarse. • La estimulación genital: Para provocar la excitación en esta
etapa, conviene que cada integrante de la pareja se inspire en lo que
hace el otro sexo al masturbarse, y abordarla de forma progresiva.
Bajada la excitación, conviene modificar y diversificar los tipos de
estimulación, cambiando de objetivos y de ritmo.
La corriente erótica puede bloquearse en cualquier momento y hay
que restablecerla rápidamente, para lo cual las palabras son de gran
ayuda: "¿Qué es lo que no va bien?, ¿Qué quieres que haga?"..
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