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Más que niños distraídos Imprimir E-Mail
Entre el 5 y el 8 por ciento de los niños españoles padece un Trastorno por Déficit de Atención (TDA) con o sin hiperactividad, un problema mental con un alto componente genético. Se trata de un trastorno neurobiológico debido a alteraciones en los neurotransmisores. Es decir, a alteraciones en la química cerebral, por lo que precisa medicamentos en la mayoría de los casos para tratarlo, además de una terapia que ayude a entrenar la capacidad de poner atención.

Según explica María Teresa Mendoza, autora de una guía para padres y maestros titulada ¿Qué es el Trastorno por Déficit de Atención? (Trillas Eduforma), los síntomas principales del TDA son inatención, hiperactividad e impulsividad, siendo éste "el más problemático porque no pueden pensar antes de actuar, dicen lo que piensan, no pueden esperar su turno, empujan, arrebatan y rompen las reglas continuamente", señala.

Mendoza añade que existen tres tipos de TDA. Por un lado, el hiperactivo impulsivo, que es "el más complicado y difícil porque a menudo no funcionan los medicamentos". También es el que "se suele detectar a edades más tempranas, frecuentemente en preescolar", apunta la experta. Por otro lado, está el "inatento", a quien María Teresa Mendoza define como "el típico niño que no da problemas en la escuela y por eso es detectado más tarde, a menudo después de la educación Primaria; son los alumnos que se distraen mientras el maestro habla". Por último, el tipo más frecuente de TDA es el "mixto", que "presenta un poco de ambos".

La autora afirma que los niños que padecen TDA son "muy demandantes" y "agotan" a sus padres y maestros. No es infrecuente que las escuelas los expulsen, mientras que las familias "realizan esfuerzos desesperados por disciplinarlos sin conseguirlo". Por lo general, los padres asumen una sobreprotección o una disciplina severa y excesiva que no resuelven el problema.

El TDA no sólo afecta al desarrollo social de la persona que lo padece. El rendimiento académico también se resiente, ya que afecta al funcionamiento de la memoria y produce dificultades de aprendizaje en las áreas de matemáticas y/o lectoescritura, lo que conlleva un bajo rendimiento escolar del alumno. Los maestros tienden a pensar que el origen del mal está en una mala educación por parte de los padres. Sin embargo, los expertos insisten en que no es un problema de disciplina ni de falta de voluntad. "Estos chicos -asegura Mendoza- requieren paciencia y comprensión, un tratamiento adecuado y una disciplina consistente y que se anticipe a los problemas; límites claros y bien definidos, orden en sus rutinas".

En opinión de Greta Benavides, autora del libro El niño con Déficit de Atención e Hiperactividad (Trillas Eduforma), los padres y maestros deben buscar ayuda especializada "cuando el niño presenta dificultades para concentrarse en clase, seguir instrucciones, olvida lo que se le indica o su rendimiento académico no se corresponde con su capacidad e inteligencia".

En el ámbito escolar, Benavides propone "añadir estímulos a cualquier trabajo", ya que "puede aumentar la habilidad de los niños para mantener la atención". "Debemos incorporar o aumentar novedades, estimulación y diversión a lo que se le pide al niño que haga", dice.

En definitiva, los niños con TDA necesitan apoyo para mejorar su autoestima y no permitir que las dificultades en la escuela "aniquilen su espíritu". En este sentido, María Teresa Mendoza recuerda que "el maestro de matemáticas de Einstein le dijo a su madre que era un retrasado, que no podría con los estudios y que lo diera de baja en la escuela. Pero su madre lo apoyó y no permitió que esa opinión sellara el destino de su hijo". El resultado es de sobras conocido por todos. Lo que necesita un niño con TDA para sobreponerse, concluye la experta, es "un ambiente que lo apoye, un tratamiento especializado y una familia estable".

Los tratamientos varían en función del TDA que se padezca. Así, existen medicamentos neurológicos (aunque no todos los niños los necesitan); terapia cognitiva, cuando existen problemas de aprendizaje; terapia de atención, para entrenar al niño a enfocar su atención; y terapia emocional si existen problemas emocionales o de baja autoestima.

Los verdaderos problemas surgen cuando no se trata a tiempo este trastorno. La complicación más severa es que, sin tratamiento, estos niños pueden caer en problemas delictivos cuando crecen, principalmente por la baja autoestima y el resentimiento con el que crecen al sentir el rechazo de su entorno. Otros muchos terminan con alguna adicción.


 
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