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Entre
los 40 y los 50 años se deben modificar los estilos de vida para
prevenir o retardar la aparición de enfermedades cardiovasculares,
osteoporosis o demencia, así como reducir los síntomas de climaterio
femenino
La
llegada de la menopausia además de aumentar el riesgo de padecer
algunas patologías, como la osteoporosis, la enfermedades
cardiovasculares y algunos tipos de cáncer, puede generar otros
trastornos que, aunque no son tan graves para la salud, limitan la
actividad diaria y empeoran de forma importante la calidad de vida.
A
partir de los 45 años, coincidiendo o no con la menopausia las mujeres
empiezan a experimentar cambios físicos y orgánicos que se denominan en
su conjunto sintomatología climatérica. Los más frecuentes son la
disfunción sexual femenina, el dolor, la incontinencia urinaria y la
ansiedad y depresión. Se estima que el 30 por ciento de las mujeres de
45 a 65 años padece sofocos, el 32 por ciento disfunción sexual
femenina, el 20-50 por ciento presenta incontinencia urinaria y un 20
por ciento padece depresión, según datos de la Asociación Española para
el Estudio de la Menopausia (AEEM).
Por tanto se pueden
establecer "los 40 años como la edad ideal en la mujer para diseñar un
plan de salud general", como comenta el Dr. Rafael Sánchez Borrego,
Director Médico de la Clínica Diatros de Barcelona. "Si bien es cierto
que el envejecimiento hay que prevenirlo desde la infancia y la
juventud" -considero- "que entre los 40 y los 50 años es el momento de
que la mujer acuda a su ginecólogo y pueda estructurar un plan de salud
personalizado atendiendo a sus riesgos familiares, personales, etc".
A
partir de esta edad, si no se ha hecho antes, conviene modificar los
estilos de vida para prevenir, en la medida de lo posible, la aparición
de enfermedades cardiovasculares, osteoporosis o demencias. De este
modo, entre los 40 y 50 años se deben empezar a hacer ejercicio de
forma regular, especialmente para reforzar la masa ósea y prevenir
fracturas; abandonar hábitos nocivos como el consumo de alcohol o
tabaco; seguir una dieta equilibrada que, por ejemplo, contenga aportes
de calcio y vitamina D para quiénes padezcan o tengan el riesgo de
padecer osteoporosis, o soja para reducir los sofocos; hacer "jogging"
cerebral, es decir, ejercitar la mente por ejemplo, leyendo para evitar
la aparición de demencias en el futuro.
La soja para los sofocos
Uno
de los síntomas más frecuentes en la menopausia son los sofocos, que
según la AEEM pueden repetirse 1.802 veces aproximadamente por mujer y
año y que repercuten de forma negativa en la calidad de vida de estas
mujeres. No obstante, los sofocos también aparecen en el 36 por ciento
de los casos antes de la menopausia.
Por sus múltiples
propiedades beneficiosas para la salud, la soja es para muchos expertos
el tratamiento natural más eficaz para prevenir los trastornos
asociados a la menopausia, que padecen cerca de tres millones de
españolas, el 80 por ciento del total. Y en este sentido, destaca su
efecto de protección sobre el hueso y en la reducción de los sofocos.
Actualmente
existen en el mercado multitud de productos elaborados a partir de la
soja o que incluyen soja entre sus ingredientes, precisamente
encaminados a mejorar la salud de toda la población y, especialmente,
de la mujer.
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