Muchos padres quieren a toda costa que sus hijos tengan éxito y para eso los atiborran de actividades, incluso les compran una agenda personal y les preguntan todos los días "qué hiciste hoy", lo que al final les causa estrés. Relax.
Vivimos en una sociedad cada vez más
competitiva; cada día los padres quieren que sus hijos lleguen más
lejos en la escuela, en su desarrollo social. En consecuencia les
exigen a los niños demasiado para su edad y capacidad.
Muchos padres les obsequian una agenda de actividades a sus hijos
-quienes tienen que cargarla y revisarla continuamente-, como si se
tratara de profesionistas, con toda una serie de actividades
adicionales a las clases escolares.
Efimar Medow es madre de dos adolescentes, una de 16 y otra de 14.
Ambas tienen un horario de actividades extracurriculares diarias, las
cuales incluyen clases de danza, de comportamiento personal, música,
fútbol, natación, reuniones con "girls-scouts", y como voluntarias en
un hospital y en el vecindario.
"La verdad es que en oportunidades parezco taxista de tantas
vueltas que tengo que dar con mis hijas para llevarlas a todas partes,
pero ellas están muy acostumbradas, aunque a veces se cansan un poco,
pero si se quedan en casa una tarde, se aburren", comentó.
NIÑOS ESTRESADOS
Alvin Rosenfeld, psicólogo norteamericano y presidente de la
Academia Americana de Sicólogos Infantiles, explicó, en el sitio de
Internet www.hasboro.com, que al comportamiento de los padres que
buscan educar hijos perfectos, preparados para la exigente competencia
y con dominio de la mayor cantidad de habilidades, se le llama
hiper-paternidad.
Dichos padres llenan de actividades extracurriculares a los niños,
que casi no tienen tiempo libre para jugar, dijo el psicólogo, quien es
regularmente invitado a programas como "Good Morning America", "Larry
King Live", "The CBS Morning News", "CBS Sunday Morning News", "NBC
Evening News", "The Today Show", "The Oprah Winfrey Show" y "CNN News".
"Se trata de padres que sin ninguna mala intención tratan de
educar niños perfectos, competentes y que dominen la mayor cantidad de
habilidades y conocimientos. Para lograrlo, copan a sus hijos de
actividades, pero lo único que consiguen es causarles estrés o ansiedad
a corta edad; darles una excesiva carga de trabajo fuera de la escuela
y quitarles tiempo para jugar con libertad", indicó el autor del libro
"Evitando la trampa de la hiperpaternidad".
Rosenfeld hizo referencia en uno de sus artículos a un caso
particular, uno de sus pacientes, quien está apenas en el sexto grado y
desde los 11 años lo trata por estrés. Se llama Daniel y asiste a un
exclusivo colegio en Nueva York. Cursa en sexto básico, pero desde los
cinco años se esfuerza por estar entre los primeros del curso y
participa en la mayor cantidad posible de actividades extras,
cuidadosamente programadas. Es motivo de orgullo para sus padres, un
abogado y una secretaria, ya que tienen diplomas y medallas por su
participación en teatro, club de ciencias, deportes y en actividades de
caridad. Rosenfeld se refiere a su paciente de 11 años estresado como un "workholic" ("adicto al trabajo" u obsesivo por el trabajo).
"Estos hijos viven como si tuvieran varios trabajos no pagados
fuera de la escuela, siendo permanentemente evaluados por ello. El
estrés es su forma de responder a un mundo en que el éxito es la única
vara para medir a las personas", indicó.
Lo que más inquieta a este psicólogo es que el caso de Daniel es
uno entre muchos. Según sus estudios, cerca del 30 por ciento de los
estudiantes de enseñanza básica en Estados Unidos sufren de síntomas de
ansiedad, estrés o depresión y en parte puede ser atribuible al exceso
de actividad.
"Presentar estos trastornos durante la infancia aumenta el riesgo
de caer en las drogas, el alcohol o a iniciarse precozmente en la vida
sexual. Las consecuencias de esta forma de crianza aún ni siquiera
comienzan a verse" advirtió Erosenfeld, miembro de la "American Academy
of Child and Adolescent Psychiatry's Committee on Adoption and Foster
Care".
TODO POR EL ÉXITO
Medow señaló que lo que ella busca es que sus hijas sean exitosas.
"Para conseguir que mis hijas sean competentes y buenas en lo que
decidan hacer, tienen que tener las facilidades para manejar una amplia
cultura general, saber un poco de todo y claro, manejar habilidades
específicas. Afuera, ellas se van a enfrentar a otros niños muy buenos
a la hora de aplicar por una beca, un cupo universitario, etc. Mi hija
mayor, por ejemplo, quiere ser médico. Para encontrar ese cupo tendrá
que resaltar entre otros estudiantes por sus conocimientos y
experiencias distintas a las académicas", señaló.
Ella admite que en oportunidades sus hijas se sienten cansadas de tantos compromisos y han enfrentados dificultades.
"En una oportunidad mi hija menor se sentía cansada y debía jugar
un partido de soccer. Me comentó que no quería ir, pero yo le dije que
era su responsabilidad y debía cumplir. Cuando llegamos a la cancha
descubrió que se le había olvidado llevar las canilleras y finalmente
no pudo jugar. El entrenador le llamó la atención y al final le
prestaron unas y salió a la cancha. Ese día como ganaron el primer
partido, jugaron un segundo y yo me sentía muy orgullosa de ella, pero
después decidió no jugar la otra temporada", mencionó.
VISIÓN EQUIVOCADA
Rosenfeld opina que los niños sin tiempo libre son producto de una visión equivocada sobre la niñez.
"Hoy se ha olvidado que la infancia es una etapa de preparación. No
debería esperarse que sean buenos en nada, porque están aprendiendo.
Además, hay que evitar que los hobbies y gustos personales de los niños
se conviertan en trabajos de tiempo completo. Se les juzga y etiqueta
de acuerdo con el desempeño que tengan en esas actividades y se les
fomenta la competitividad y las ganas de ganar, sin explicarles que el
fracaso es parte de la vida", reflexiona Alvin Rosenfeld. Para Rosenfeld, una de las raíces del problema es que muchos
padres viven creyendo que tienen la obligación de dar la infancia
perfecta a sus hijos. "La motivación de sus padres de darle las mejores
oportunidades y que tengan acceso a la mejor educación, es un intento
por garantizar su éxito en la competitiva vida adulta. Es una filosofía
que se construye basada en la idea de que la enseñanza y la exigencia
combinadas con las prácticas regulares pueden transformar a cualquier
niño en un graduado universitario. Sobre ese supuesto, los hijos que no
sean exigidos terminarán irremediablemente como últimos de su clase,
sin posibilidad de alcanzar nada en la vida" comentó.
"Hay que dejar de ser el chofer del hijo y volver a ser la mamá,
los hijos no necesitan un transportista, sino un padre o madre. Nuestra
relación con los hijos es un tiempo quieto, sin planes ni horarios, que
debe aprovecharse al máximo", explicó.
"Puede sonar contradictorio, pero creo que cada mamá debería
seguir su instinto y no los libros sobre la crianza perfecta. Hay que
dejar de ser tan perfeccionistas y dejarlos ser niños", señaló.
"Ellos necesitan tener espacios de ocio para pensar, tener una
vida interna, escuchar esa voz que los hace crear ese dibujo único o
ese cuento tan especial. Necesitan algo tan sencillo como poder
recostarse y no hacer nada, o juntarse con los amigos y ser más
espontáneos", comentó.
Las opiniones de Rosenfeld fueron publicadas por distintos medios
en New York, con motivo de la presentación de su libro "Evitando la
trampa de la hiperpaternidad".
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