El Ayuntamiento limita el censo a 1.500 por higiene y envía algunas como cebo para halcones. Este año ha multado a cinco personas por alimentarlas.
El Ayuntamiento de Alicante ha sacrificado en los últimos cuatro años a
cerca de 500 palomas para frenar la superpoblación de esta especie y
evitar así la transmisión de enfermedades al hombre (como la
salmonelosis).
Según el concejal de Sanidad, Juan Zaragoza, «ahora no habrá más de
1.500 palomas, una cantidad razonable para evitar plagas». Con un
limitado número de estas aves han descendido las multas que impone el
Consistorio a quienes intenten alimentarlas, actividad que prohíbe una
ordenanza.
Desde enero de 2005, el Ayuntamiento sólo ha multado a cinco
personas, «que sufren alguna discapacidad intelectual y desconocen la
normativa, no lo hicieron con mala fe», apunta Zaragoza. El año pasado
el área de Sanidad sancionó a diez personas por este concepto.
La ordenanza prohíbe dar de comer a las palomas en las plazas del
Ayuntamiento, Mercado Central, Calvo Sotelo, Navarro Rodrigo y Ruperto
Chapí, lugares donde existe una mayor concentración de estas aves. La
multa puede llegar a los 600 euros.
La Concejalía de Sanidad trabaja en la esterilización de las palomas
con compuestos como el ornisteril para evitar la superpoblación.
También para cetrería
Para que no críen las llevan a las dependencias municipales,
sacrifican a las que están enfermas y otras se trasladan fuera de
Alicante para labores de cetrería.
Científicos de la Universidad de Alicante publicaron en 2004 un
estudio que demuestra que los excrementos de estas aves destruyen la
piedra de los edificios por los sulfatos que contienen.
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