|
Cuando hace 20 años se presentó el primer
caso clínico de SIDA, los expertos no imaginaron las terribles
consecuencias que esa patología traería a la humanidad, convertida hoy
en un peligro para el desarrollo y la sociedad.
El mortal padecimiento, que cobra
la vida de unas 14 mil personas diarias, ha dejado de ser una dolencia
confinada a unos pocos países para convertirse en un mal extendido a
todos los continentes que impacta a la población más vulnerable desde
el punto de vista sociocultural y económico.
En ese sentido, Kofi Annan,
Secretario General de las Naciones Unidas, advirtió que la pandemia,
lejos de disminuir, aumenta, y se está diseminando más que nunca, por
lo que es necesario tomar medidas urgentes para combatir ese flagelo.
Para avalar su información, ANnan
indicó que las tasas de infección y de muertes a causa del mal
aumentaron de nuevo, y se opacan los esfuerzos por contenerla.
Durante un discurso pronunciado en
un foro en la Asamblea General de la ONU, el experto advirtió que no se
podrán lograr las metas establecidas en la Declaración Especial sobre
SIDA, firmada por los gobiernos de todos los estados miembros del
organismo internacional.
Una de los propósitos para el 2005 era reducir en un 25 por ciento las infecciones de VIH entre la población joven.
Los esfuerzos para enfrentar el
drama de la mortal dolencia a nivel de las comunidades todavía no son
suficientes. "Es tiempo de que los gobiernos traduzcan su compromiso en
acciones concretas", agregó.
Según datos del Programa de
Naciones Unidas para el SIDA, ONUSIDA, los contagios aumentaron en todo
el orbe en comparación con el año anterior.
Asimismo, se reporta un
crecimiento pronunciado en Asia y Europa oriental, producidos en su
mayoría por inyecciones de drogas con equipos contaminados, relaciones
sexuales no protegidas y comercio sexual peligroso.
En el Caribe, el SIDA ha pasado a ser la causa principal de mortalidad en adultos de 15-44 años.
La transmisión del VIH en estos
países se produce principalmente a través de las relaciones
heterosexuales, aunque las relaciones sexuales entre varones, a pesar
de que están muy estigmatizadas, también impulsan la epidemia.
Por otra parte, un nuevo problema
mantiene a los expertos en vilo: el hecho de que hace unos años el
número de hombres enfermos era superior que el de las mujeres, pero
ahora son éstas las más afectadas.
Se estima que el 57 por ciento de
todas las personas que viven con el VIH son muchachas y niñas,
situación que destaca la urgente necesidad de mejorar los derechos de
la mujer.
Esta especial predilección del VIH
por las féminas tiene varios motivos. En primer lugar, son físicamente
más vulnerables a la infección que los hombres. Durante una relación
sexual hay dos veces más probabilidad de que ocurra la transmisión del
virus del hombre a la mujer que a la inversa.
Además también influyen los
comportamientos de riesgo, la violencia sexual y la falta de acceso a
los servicios de prevención.
Este panorama, verdaderamente
perturbador, se magnifica si se tiene en cuenta que a más de dos
décadas de conocerse, muchos creen que el SIDA no es fatal y una
inmensa cantidad de mujeres no saben como protegerse del virus.
Una gran mayoría de los hombres
reconoce que ha modificado su comportamiento sexual para evitar el
contagio pero sólo un pequeño porcentaje utiliza preservativos, la
única vía eficaz de protección para las personas que mantienen
relaciones sexuales.
Una parte del problema hay que
buscarlo en los aún insuficientes sistemas de vigilancia del VIH, una
deficiencia manifiesta en todas las regiones y que está socavando la
capacidad de los países para adaptar sus respuestas a una dolencia en
continua evolución.
|