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Las mujeres con enfermedad benigna en la mama deben extremar la
vigilancia de sus glándulas porque su riesgo de desarrollar un cáncer
es mayor que el de la población general. A esta conclusión ha llegado
un equipo de investigadores de la Clínica Mayo en Minnesota (EEUU) tras
llevar a cabo un trabajo que ha visto la luz en el último número de la
revista 'The New England Journal of Medicine.'
En él han participado 9.087 mujeres diagnosticadas entre 1967 y1991
de enfermedad benigna de la mama que han recibido un seguimiento
durante 15 años. Pasado este tiempo, 707 de ellas desarrollaron un
cáncer de mama, una proporción algo superior (un 25% más) que la
incidencia de estos tumores en la población general.
Cuando se analizaron las características de estas pacientes con el
fin de descubrir por qué su riesgo de cáncer era mayor que el del resto
se observó que no todos los casos de enfermedad benigna de la mama son
iguales y que existen varios factores que elevan las posibilidades de
que su lesión se convierta en maligna. Según los autores del trabajo,
éstos son: la edad, la existencia de otros casos de cáncer de mama en
la familia y el aspecto del nódulo, según se observa en el microscopio.
Y de todos ellos, el resultado de la biopsia es uno de los factores que
más puede determinar el aumento del riesgo.
Si el nódulo es descrito como proliferativo o con rasgos atípicos,
las posibilidades de padecer un cáncer de mama con el tiempo aumentan.
No sucede lo mismo si la lesión se califica como no proliferativa. A
esta peculiaridad hay que añadir que si la paciente tiene, además,
antecedentes familiares las posibilidades aumentan. En estos casos, su
seguimiento estrecho puede ayudar al diagnóstico precoz de la
enfermedad.
En este sentido, y pese a que un nuevo estudio publicado en el
último número de la revista 'Journal of National Cancer Institute'
vuelve a poner en entredicho los beneficios de los chequeos rutinarios
con mamografía a la hora de reducir la mortalidad por cáncer en las
mujeres, se reconce que la prueba disminuye esta posibilidad en un 26%
cuando se aplica a las féminas que se consideran de alto riesgo.
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