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Ver la televisión antes de los tres años, o
tener un receptor en el dormitorio del niño, empeora el rendimiento
escolar durante la edad infantil y a lo largo de su etapa adulta, según
el resultado de tres estudios que han analizado el número de horas que
pasan los más pequeños frente a la 'caja tonta'. Sin embargo, cuando se
seleccionan los programas educativos en función de la edad de los
niños, éstos pueden mejorar su desarrollo cognitivo.
La revista 'Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine'
publica esta semana tres investigaciones sobre el efecto de la
televisión en la infancia. Cada uno de ellos ha evaluado esta
exposición a diferentes edades. Sin embargo, a pesar de estos análisis,
queda pendiente una valoración del efecto de los programas educativos
sobre los televidentes más jóvenes. Durante un curso escolar,
cerca de 400 estudiantes de tercer grado (8-9 años) y sus padres
informaron del rendimiento escolar de los pequeños en matemáticas,
lectura y lenguaje artístico. Al mismo tiempo se controló los tipos de
aparatos electrónicos disponibles en sus hogares, incluidos
televisiones, equipos de música, ordenadores y videojuegos. "En
este estudio, hemos encontrado que los medios de comunicación presentes
en el entorno del hogar estaban relacionados con los logros académicos
de los niños", afirma Dina Borzekowski, principal autora del estudio y
profesora del departamento de Salud Familiar y Pública de la
Universidad Johns Hopkins. "Entre los escolares de tercer grado,
observamos que incluso cuando controlamos el nivel de educación de los
padres, el género del niño y la cantidad de medios electrónicos que
utilizaban a la semana, los que tenían en su habitación un televisor presentaban un peor rendimiento en matemáticas y en lenguaje
artístico (ocho puntos menos) y también en los tests de lectura (7
puntos menos)", explican los autores. Sin embargo, los niños con acceso
en casa a un ordenador presentaron mejores notas en esas materias. Una
posible explicación que ofrecen los investigadores a estas asociaciones
es que los niños que en sus dormitorios tienen televisiones duermen
menos. En cambio, los ordenadores pueden aumentar la comunicación entre
los amigos y la familia y facilitar el acceso a información académica y
de salud a través de Internet. Por otro lado, un estudio de la
Universidad de Otago, en Dunedin (Nueva Zelanda), tras evaluar a 1.000
niños desde los tres años hasta los 26, observó que los que pasaron más tiempo frente a la 'caja tonta' durante su infancia y adolescencia presentaron peores logros académicos en su etapa adulta. Televidentes menores de tres años Otro
dato preocupante es el observado en un tercer estudio llevado a cabo
con más de 1.700 niños de unos seis años de edad. En estos escolares se
evaluó su capacidad de comprensión en lectura y en matemáticas, al
mismo tiempo que se comprobó las horas que habían pasado frente a la
televisión antes de los tres años y desde esta edad a los cinco años.
Lo que se detectó fue que ver la tele antes de los tres años se relaciona con peores resultados cognitivos a los seis y siete años. "Podría
ser que los niños que ven más la televisión pasan menos tiempo
dedicados a otras actividades, como juegos que fomentan la imaginación,
interactuando con los adultos y así sucesivamente, que podrían ser
beneficiosos para su desarrollo cognitivo. O puede ser que el contenido
de lo que ven por televisión es perjudicial para su desarrollo.
Finalmente, es posible que el medio por sí mismo sea pernicioso, debido
a los aspectos de su producción (cambios rápidos de escenas y de
ritmo)...", explican los investigadores de la Universidad de
Washington, en Seattle (EEUU). Por el contrario, cuando se ve la televisión entre los tres y cinco años se relaciona con un efecto más beneficioso,
al menos en los resultados de las pruebas de lectura y memoria a corto
plazo. Programas como el de Barrio Sésamo, con contenidos dirigidos
especialmente a esta edad, tienen un efecto positivo para estos niños. A
pesar de estos resultados, no todo son críticas para la televisión.
Ariel R, Chernin y Deborah L. Linebarger, catedráticos de la
Universidad de Pennsylvania (EEUU) y autores de un editorial que
publica la misma revista, recuerdan que en otros estudios, donde se ha
analizado los contenidos educativos de ciertos programas televisivos, se ha observado un efecto positivo de estos programas sobre los niños. En este sentido, reprochan a las tres investigaciones mencionadas que sólo hayan controlado el número de horas frente a la televisión y no la calidad de los programas. "Siempre debemos examinar estrechamente el contenido,
especialmente para los televidentes más jóvenes y el contexto, junto
con los subgrupos de niños que se ven afectados tanto de forma positiva
como negativa. Ambos, el contenido y el contexto, pueden
simultáneamente limitar y facilitar el desarrollo cognitivo y esto
puede ser especialmente cierto para los más pequeños", afirman los
editorialistas. Finalmente, se hacen eco de la necesidad de
hacer estudios que evalúen estos efectos y sigan a largo plazo a estos
niños. Además, recomiendan a los padres que incorporen
programas televisivos bien producidos y con un contenido educativo
apropiado para la edad de sus hijos. "Estos programas representan una
herramienta de valor para estimular el desarrollo cognitivo de los
niños", concluyen.
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