José Cervera reflexiona acerca de si es ininevitable que la bolsa corrompa a las empresas.
Después
de obtener unos beneficios espectaculares contribuyendo a crear una
nueva forma de publicidad; de abanderar encomiables iniciativas
culturales; de crear una marca que está entre las más reconocidas y
valiosas del mundo gracias a su lema "No Hacer el Mal"... parece que
las reiteradas subidas bursátiles están paradójicamente arrastrando a
Google al Lado Oscuro. Por un lado, van a empezar a colocar
anuncios en forma de "banner" no relacionados con los términos de
búsqueda, es decir, publicidad convencional. Por otro, han creado
una Historia Personal de búsquedas que puede ser muy útil, pero también
un peligro para la privacidad. Parece que la incesante búsqueda de
rendimientos crecientes está empezando a erosionar la visión
fundacional de Google; era de prever, y no es un grave problema. Porque
si se pasan mucho, les abandonaremos sin piedad. Todavía no han
cancelado el famoso 20% del tiempo para proyectos propios que dejan a
sus ingenieros, pero parece que Google ha iniciado ya el camino que
lleva a convertirse en una gran empresa. Todo por los ingresos,
aunque ese "todo" incluya violar los principios fundacionales y
abandonar la cultura que los hizo fuertes en un principio. No es la
primera vez que ocurre, no será la última, y en este caso se lleva
prediciendo tiempo. Da pena verlo, pero es inevitable: una consecuencia del crecimiento y la formalización. Cuando
una compañía sale a bolsa pasa a vivir por trimestres, con la espada de
damocles de que sus resultados no convenzan a los mercados. Si esto
ocurre, las acciones bajan, lo cual hace infelices a los accionistas,
que se ocupan de transmitir esa infelicidad a los directivos de la
empresa que, por simple reflejo defensivo, intentan tener algo que
enseñar para defenderse: lo más sencillo, nuevas fuentes de ingresos o
nuevos recortes de gastos. Así se lanzan nuevos negocios que violan
el espíritu fundacional de la empresa. Así se recortan presupuestos de
investigación (que no tienen rentabilidad instantánea), se cicatean los
dineros de operación, se recortan contrataciones. Los trabajadores cada
vez tienen más trabajo, que cada vez se hace más insoportable, lo cual
reduce la calidad de lo producido. El producto se resiente. Los
clientes lo notan, la marca sufre y la demanda baja; los ingresos
muestran el problema, las acciones bajan, y el circulo se cierra: los
accionistas, infelices, reparten generosamente su infelicidad. Se
llaman empresas maduras, y el ciclo es casi imposible de evitar. Google
se las ha arreglado durante varios años para evitar este destino, pero
parece que definitivamente el destino les está atrapando. Es posible
que Google acabe siendo un Yahoo!, o peor, un Microsoft, respetado y
temido por su poder, pero despreciado y aborrecido por su dominancia. Claro
que en el caso de los buscadores esa dominancia es ilusoria y fugaz:
hizo falta menos de un mes para que Internet abandonara en pleno
AltaVista, el anterior favorito, por Google. Y candidatos no
faltan. No hay por qué preocuparse: si la conversión de Google al Lado
Oscuro se consuma nadie resultará perjudicado. Sólo ellos.
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