Un receptor GPS y ganas de aventura es todo
lo que se necesita para practicar geocaching, una innovadora 'búsqueda
del tesoro'
A simple vista el código N 36° 46.324 W 005°
29.225 no tiene mucho sentido pero al introducirlo en un receptor GPS
vemos que son unas coordenadas que nos llevan hacia un tesoro
escondido: el punto de partida se encuentra junto a la piscifactoría de
El Bosque, en un sendero que lleva hasta Benamahoma. Si nos situamos en
el puente que hay junto a las coordenadas y miramos hacia el río en su
curso ascendente veremos a la izquierda una pared de piedra en la que
hay una grieta que oculta el botín.Como
este hay más de ochenta tesoros repartidos por la geografía andaluza
que han escondido los practicantes del geocaching, una nueva modalidad
de orientación que combina las últimas tecnologías con actividades al
aire libre. La historia comenzó en Estados Unidos en mayo de
2000 cuando el ingeniero David Ulmer propuso un juego para celebrar la
liberación de las comunicaciones por GPS (Sistema de Posicionamiento
Global). Para ello ocultó un recipiente tipo tupperware con varios
regalos en los alrededores de la ciudad de Portland y envió las
coordenadas exactas al resto del grupo para que estos se lanzaran GPS
en mano a su búsqueda. Actualmente la práctica se ha extendido a más de
doscientos países sobrepasando los cien mil tesoros ocultos. Para
practicar el geocaching basta con un receptor GPS -ya se pueden
encontrar desde 100 euros- sumado a un buen par de zapatos y espíritu
aventurero. Las coordenadas y la descripción del tesoro -bautizado en
la jerga informática como caché- se pueden encontrar en comunidades de
aficionados como geocaching-hispano.com o mundogps.com. Dependiendo
de donde esté oculto el caché la búsqueda puede suponer un tranquilo
paseo con preciosas vistas, una expedición que combine escalada con
otras prácticas de riesgo, o una inmersión al fondo del mar. Una vez
superadas las dificultades -clasificadas en la web por grado de
complejidad- y localizado el objetivo, sólo queda descubrir la
recompensa. Podemos encontrar de todo en el tupperware, desde música,
libros o juguetes hasta objetos de coleccionismo como llaveros o
monedas. Debemos quedarnos uno de los regalos, introducir uno nuevo
para él próximo cazatesoros y dejar nuestras impresiones en la
bitácora. A la vuelta a casa es el momento de intercambiar la
experiencia con el resto de "hackers" que se dan cita en los foros de
las webs de Geocaching. En la provincia podemos lanzarnos a la búsqueda en Prado del Rey, Benaocaz, Zahara de los Atunes o Sancti Petri.
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