|
En la red se han tejido historias de amor que
terminan en noviazgo y boda... pero también otras con un inesperado
final, que dejan una huella amarga en los cibernautas involucrados.
Muchas de ellas tienen que ver con engaños, desilusiones y falacias...
Y es que en la red es fácil mentir, enmascarados por un teclado y un
monitor. Los siguientes son relatos que de seguro te pondrán alerta.
Asalta cunas
Laura nos cuenta su desafortunado encuentro con Sergio, a quien conoció
en una sala de veinteañeros: "Me contó que estudiaba Turismo y que le
gustaba la fotografía. Yo le hablé de mi anhelo por estudiar sicología
y de mi afición por el cine. Hubo cierta afinidad entre nosotros, por
lo que empezamos a cartearnos y a enamorarnos. Antes de la cita
(y para no dar un paso en falso), ambos nos enviamos nuestras
respectivas fotos. En la suya, Sergio se veía ¡guapísimo! Era alto, de
ojos claros, barba partida, soltero... (¿qué mas podía pedir?). El día
de nuestro encuentro (en un centro comercial) ambos fuimos puntuales.
Yo iba con mi mascada azul en el cuello y él, con su rosa blanca en la
mano. Pero cuando lo vi, ¡oh, decepción! Me había mentido: era unos 20
años mayor que yo. Después de esa experiencia, trato de averiguar todo
sobre mi posible cita.
Lujuria y Deseo
Cecilia recuerda entre risas la peor experiencia que ha tenido en la
red. Todo comenzó como un juego, recuerda. "Ingresé en una sala
cachonda. Mi "nick" era Deseo . En tres minutos comencé a ligar con Lujuria .
La charla cada vez se ponía más intensa y era como una lucha de poder,
para ver quién decía las ocurrencias más locochonas. Hasta allí toda
iba bien.
Después de una hora de estar chateando, Lujuria
y yo quedamos en hacer una cita completamente a ciegas, por lo que
acordamos no indagar ni edad, ni profesión, ni nada de nada, hasta que
nos conociéramos. Me pareció una idea muy excitante. Así que sólo
hablamos del lugar en dónde nos veríamos (una conocida cafetería) y del
color de ropa que llevaríamos puesta (en ambos casos, verde).
Ese día tuve dudas entre si ir o no, pero al final de cuentas ahí
estaba yo, con un sexy vestido verde y mi mejor peinado, dispuesta a
conocer a Lujuria . De pronto se acerca un chico de no mal ver y me dice con su voz ronca y sensual: "¿Eres Deseo
?". Guau, era encantador. La verdad, me había imaginado a un tipo
chaparrito, nada apuesto, pero eso sí, muy agradable. Hablé por un
largo rato con Lujuria . Me contaba que era estudiante de
teatro y que su meta en la vida eran llegar a producir y dirigir su
propia obra. Todo parecía que iba viento en popa, hasta que me dijo que
era gay y que sólo podíamos ser amigos.
Amor ciego
Llegar a los 30 y sin novio se convirtió en un verdadero complejo para
Verónica, quien decidió encontrar pareja en internet: "Algunos amigos
lo habían hecho, invirtiendo pocas horas frente al monitor. Yo no podía
desaprovechar la oportunidad. Al mes de estar de chat en chat, encontré
a un hombre de mi agrado. Era de San Luis Potosí, pero aclaró que la
distancia no era problema, ya que vendría a buscar trabajo a la ciudad
de México. A los dos meses sentía que lo amaba. Y comenzamos a
cartearnos por correo tradicional (como lo hicieran nuestros abuelos).
Él prometió darme su nueva dirección, pues estaba a punto de mudarse.
Mientras tanto, yo empecé a recibir cartas, chocolates, flores y
muñecos de peluche. Una noche alguien tocó a la puerta de mi
departamento y resultó ser él. Me sorprendió mucho que llegara sin
avisarme. Estuvo aquí una semana y en ese tiempo vimos muebles y hasta
departamentos. La sorpresa ocurrió una tarde, cuando regresé del
trabajo. No había nada en mi casa. El tipo me había dejado en la calle.
Se había llevado mis muebles y para colmo, días atrás le había prestado
una fuerte cantidad de dinero ¡Fue terrible!
De amor y desamor
La historia de Ricardo también es peculiar. Uno de sus mejores amigos
resultó ser un conquistador por la red, y él decidió seguir sus pasos:
"Al principio me resultó muy complicado todo este mundo del chat, pero
poco a poco, comencé a aficionarme. Una chica logró en verdad
robarme el corazón. Su nombre: Dulce. Su forma de escribir la reflejaba
inteligente y sincera. Como a los 15 días de chatear decidimos
conocernos. En ese entonces, mi mejor amigo, el experto en chats,
estaba muy ilusionado con Zara, una niña a la que había conocido por
ese medio. Dulce y yo decidimos que nuestra primera cita debería ser en
un antro. Ese día me acompañó mi mejor amigo, pues quería apadrinar el
posible noviazgo. Pero su sorpresa fue constatar que mi Dulce, también
era su Zara ¡Fue decepcionante! La niña estaba jugando y ligando con
los dos al mismo tiempo.
Sentimiento de culpabilidad
Para Jimena, conocer gente por internet era su pasatiempo favorito. Y así fue como contactó a Carlos, un chico de Sonora.
"Simpatizamos, y me empezó a escribir a mi correo y a mandar serenatas
virtuales. Un día que suena mi teléfono y me dicen: `ya estoy aquí. Hay
que vernos`. Era Carlos, con su típico acento norteño. La verdad, nunca
había imaginado que viniera a verme. Quedamos de vernos en Santa
Fe, pero lo dejé plantado (había vuelto con mi novio y mis amigas me
decían que a lo mejor era un secuestrador). Decidí no acudir a la cita.
Después de un tiempo, el sonorense volvió a escribir, y me recriminó
por el plantón. Como había cortado en definitiva con mi novio, comencé
a ligar de nuevo por el messenger con el norteño. Le ofrecí
disculpas y quedó de visitarme en dos semanas. Pero pasaron 15 días y
no me escribía. Le mandé un mail para saber qué onda. Y me llegó un
correo que decía: `señorita, no sé quién sea usted, pero mi hermano no
le puede contestar porque tuvo un accidente en la carretera hacia
México y falleció. Al parecer, tenía un asunto pendiente". Mandé
otro mensaje diciendo que con la muerte no se juega, pero ya nunca más
tuve respuesta y al tiempo, su correo quedó desactivado. Todavía
recuerdo su voz, de la vez que me citó. Y me siento fatal. alcr
|