Un usuario tuvo que porfiar una semana con tres operadoras para conservar sin cambios su actual conexión a Internet
A principios de este mes, el arquitecto bilbaíno Fernando Barrios se
encontró de repente sin conexión a Internet en su estudio. El incidente
le suponía un verdadero problema profesional, ya que necesita la
conexión ADSL para poder enviar rápidamente sus trabajos. Pensando que
era un simple problema técnico, llamó a su operador, Terra, para
resolverlo. Le contestaron, para su gran sorpresa, que Telefónica había
suspendido la línea ADSL a petición de un competidor, Jazztel, que él
mismo, decían, había elegido como nuevo proveedor de acceso a Internet.
Un comercial de Jazztel, recordó entonces, había telefoneado a su
oficina la semana anterior para ofrecerle contratar una conexión ADSL,
con llamadas nacionales incluidas, a una tarifa atractiva. Su socia le
contestó entonces que la oferta podía interesar a Barrios, y a petición
del comercial, le detalló el número de la cuenta bancaria de su
compañero, en la cual ella no puede intervenir. Días después, el
arquitecto confirmó su interés por la propuesta y pidió al proveedor
que le enviase un contrato escrito para examinar sus condiciones.
Barrios insiste en que en ninguna ocasión aceptó darse de alta a los
servicios de Jazztel, ni por escrito, ni por teléfono, ni a través de
Internet. Pese a ello, la empresa de comunicaciones consideró que el
interés manifestado por la socia del arquitecto le bastaba para cortar
su conexión actual con Terra y sustituirla por sus servicios después de
un intervalo de instalación en el que el arquitecto se quedaba
desconectado de la red.
Cuando Barrios decidió que la compañía no iba a darle de alta sin su
permiso expresó, empezó a meterse, sin saberlo, en un enredo
burocrático casi kafkiano. Su antiguo proveedor, Terra, le dijo que la
responsable de la desconexión era Telefónica, propietaria de la línea.
En Telefónica le explicaron que necesitaban una prueba de que Jazztel
había pedido al operador dominante la desconexión sin su
consentimiento. En Jazztel, después de una espera de 35 minutos, no
quisieron inicalmente atender su petición y acabaron colgándole el
teléfono.
Exasperado por ser tratado "como un pelele", Barrios decidió
contraatacar. Aconsejado por una amiga juez, optó por ponerse en
contacto con la oficina del consumidor del Gobierno vasco y no acudir
directamente al juzgado. El servicio del Ejecutivo le informó de que no
era la primera persona que exponía una queja sobre Jazztel y le
remitieron hacia un número especial para los profesionales. Allí le
explicaron que, si residía en Bilbao, tenía que telefonear a la Cámara
de Comercio.
El arquitecto se puso en contacto entonces con la Cámara. Al estar de
vacaciones la persona responsable, le comentaron que no podían hacer
nada para él. Cuando insistió, le contestaron con involuntaria ironía
que podía enviarles... un correo electrónico.
Harto de tanto contacto telefónico, Barrios acudió personalmente a una
oficina de Jazztel en Bilbao, donde fue recibido por un comercial, esta
vez con cortesía. Al escuchar toda la historia, "el tío estaba
espantado", recuerda el arquitecto. Así, al final, realizó los trámites
necesarios para que el cliente involuntario pudiese darse de baja de
una vez.
Grabar las conversaciones telefónicas para utilizarlas como prueba de
la aceptación por el usuario es una práctica corriente en algunas
compañías, pero en este caso Jazztel no pudo ni contactar con el
titular del contrato ni obtener un acuerdo formal de su compañera.
Después de comprobar con distintas firmas la imposibilidad de obtener
un contrato escrito, Barrios resolvió regresar con el proveedor que
nunca había dejado voluntariamente, Terra, que le ofreció una tarifa
más barata.
La historia de Fernando Barrios puede resultar algo atípica por los
trámites burocráticos que tuvo que seguir una semana hasta que la
situación volviera sencillamente a su punto de partida. Sin embargo,
las dificultades para darse de baja, así como la contratación de
servicios sin el consentimiento del propio usuario resultan comunes en
el sector de las telecomunicaciones.
Tanto la oficina del consumidor del Gobierno vasco como las
asociaciones de consumidores registran numerosas quejas relativas a
problemas para darse de baja y a informaciones erróneas que los
proveedores de conexión a Internet proporcionan a sus clientes. La
Unión de Consumidores de Euskadi considera que un tercio de las
llamadas que recibe sobre telecomunicaciones tienen que ver con
dificultades para darse de baja. Jazztel y Wanadoo figuran entre las
compañías más citadas por los clientes enfadados, pero parece que
ninguna escape a la regla.
Sobre telefonía móvil, las asociaciones denuncian el caso del roaming,
la opción que permite recibir, con coste adicional, llamadas en el
extranjero, y que Vodafone activó sin permiso expreso de sus clientes.
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