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Sigue la polémica con Autolink,
la última novedad introducida por Google en la última versión beta de
su barra de herramientas. Autolink introduce enlaces que el autor no ha
puesto en las páginas web, de acuerdo con su contenido, función que
muchos encuentran abusiva e indignante. Hasta tal punto que hay quien invoca sus derechos inalienables de autoría intelectual, y ya hay un programa disponible para inutilizar el sistema en tu página si lo deseas. En esto Google tiene también sus defensores,
porque la lucha se reduce a decidir quién controla la experiencia de
navegación, si el autor de la página o el lector. Planteado en esos
términos, no debería caber la menos duda... el cliente siempre tiene la
razón. Y Google hace bien en proporcionarle herramientas, aunque a los
autores nos fastidie.
A juzgar por las reacciones hay a quien la idea de que el lector no
contemple su página exactamente como la han diseñado no es que les
fastidie (con jota), sino que les pone enfermos. Otros consideran un
peligrosísimo precedente que alguien tenga la capacidad de cambiar de
alguna forma el contenido de una página web, y recuerdan las ominosas
'Smart Tags' de Microsoft. En general se ha montado una buena bronca
que ha revelado una desconfianza hacia Google desconocida hasta ahora,
y bastante sana.
Aunque en esto no tenga razón de ser. Google no es (todavía) Microsoft, y Autolink no es (aunque lo haya diseñado el mismo señor, fichado por Google) como las Smart Tags.
Es cierto que Google ha adquirido una posición predominante en
buscadores, no porque nadie estemos obligados a usarlo de ninguna
manera, sino porque sigue siendo el más útil. Es cierto que la
tentación del abuso vive en cualquiera que goza de poder, y que Google
debe ser vigilado. Es cierto que eso de toquetear la presentación del
contenido ajeno suena mal, y que un abuso de esta tecnología
(especialmente incorporarla al navegador) podría ser muy peligroso.
Pero el follón no es para tanto, aún. Autolink es una beta, de
uso estrictamente voluntario y no automatizable. El tipo de enlaces que
proporciona son realmente útiles (mapas, información de coches,
localización de libros). Y la empresa aún cuenta con un capital de
credibilidad cuando afirma que no abusará de ello.
Algunos de los ataques rezuman el anticomercialismo primigenio
de la Red, y recuerdan a los tiempos de los principios de Adwords
(Google se vende) o las campañas contra los Google Dances (ese abuso de
posición dominante).
Con Autolink pueden ocurrir dos cosas: que los enlaces añadidos
sean útiles o que no lo sean. Si no lo son, la gente no lo usará, y
punto; se acabó el problema. Si el público le encuentra utilidad, y lo
usa, a los autores no nos quedará más remedio que aguantarnos, o
ponernos estupendos y quitarle a nuestros lectores un juguete para
satisfacer nuestra vanidad autoral. Pero es que ceder (más) control a
los lectores sobre el diseño de nuestra página duele...
Nadie debe preocuparse en exceso por la posibilidad de abuso.
Si Google lo quisiera automatizar, eliminando la voluntariedad en el
uso, o si Microsoft quisiese reinstaurar las Smart Tags, no hay
problema: les abandonaremos. Tenemos Firefox, en 10 minutos tendríamos
un programa de desactivación, y hay otros buscadores. Los lectores
tenemos el poder absoluto. Los autores tendremos que acostumbrarnos a
esa idea. Y eso implica ceder cada vez más control, a los lectores.
Google les vende las herramientas, poero son los lectores quienes
deciden. Y hay que aguantase. Con jota.
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