Un tanto descafeinado en su redacción, ha sido dado a conocer al
resto de la sociedad el Plan
antipiratería que ha ultimado el Gobierno del PSOE de la mano de las
Sociedades de gestión de derechos de autor y de sus entidades
afines caracterizadas por sus escaramuzas contra la delincuencia
subversora de sus legítimos intereses mercantiles.
Decimos bien: descafeinado, a primera vista, como una
cortina de humo, porque las reformas legales pretendidas desde el Ministerio de
Cultura y sus nuevos mentores (léase Sgae, Afyve, Egeda, Bsa,
Federación Antipiratería...) han sido enmascaradas cuando no silenciadas
ante la alarma
social que han creado en cuanto han sido filtradas y
conocidas.
Es cierto que el Plan antipiratería distingue entre el fenómeno
delictivo conocido como piratería del "top-manta" y lo que se empeñan en
denominar algunos interesados de forma torticera como "piratería
digital": el intercambio de ficheros en Internet, las redes P2P. Lo que
silencia el Plan, porque pretende diferirlo a futuras comisiones
amañadas, son las reformas legales que pretende acometer,
primero vestidas de "concienciación" para las mentes jóvenes
fundamentalmente, luego travestidas en "adoctrinamiento" para jueces,
fiscales y agentes de la autoridad (algo que, por cierto, viene
realizándose desde hace mucho tiempo, incluso con intervenciones
periciales tantas veces puestas en entredicho luego por los propios
jueces), para terminar, finalmente, en el meollo del Plan: la reforma de la Ley de Servicios de la Sociedad de la
Información y de comercio electrónico y la reforma del Código
penal.
La reforma de la primera para acometer lo que ya se ha dicho por los
portavoces in pectore del actual Gobierno, controlar
los contenidos que fluyen por los
servidores de Internet de los prestadores de servicios de la Sociedad de
la Información intermediarios (proveedores de acceso, alojamiento,
transmisión, etcétera), quienes deberán ponerse de acuerdo con los portavoces in
pectore del Gobierno o habrá otro canon y otro canon hasta que todo
el negocio termine en sus manos. Tan es así, que el Ministro
Montilla, ignorado por quienes gobiernan en esta materia, hubo de
atreverse a decir -instigado por el sector que debiera liderar- que "no creía necesario un
canon para los discos duros y los usuarios del ADSL"; lo que no se
atrevió a decir era que no lo creía necesario "de momento".
Y la reforma del Código penal necesaria para
terminar de una vez con esas "nimias cuestiones doctrinales" que no
permiten castigar penalmente el intercambio de ficheros, todo
convenientemente aderezado con una copia privada
"llegada desde Europa", que resulta ya prácticamente imposible pero
que deberá ser remunerada en todo y por todos. De hecho, incluso la
Ministra de Cultura ya ha adelantado que su Plan conlleva una "reforma implícita" del Código
penal.
Ese es el escenario previsto desde hace tiempo por los actuales
portavoces in pectore del Gobierno y el Plan antipiratería presentado
ayer es el primer peldaño.
El segundo peldaño son las numerosas comisiones de
análisis y estudio (puede que incluso a estas horas ya haya salido a
concurso la redacción de las ponencias y dictámenes, como viene
ocurriendo con otros planes).
La trampa que establece este concreto Plan
es crear comisiones y decir que van a estar representados todos los
sectores afectados. De hecho, para el Gobierno la defensa de los derechos
de autor, algo que compartimos, es una cuestión de enorme calado que
afecta a toda la sociedad, algo que también compartimos, pero si el
Gobierno y sus nuevos portavoces in pectore creyeran de verdad en esa
participación social en algo que afecta a todos, si
creyera en esa interlocución social, no tratarían de crear Comisiones
amañadas sin representaciones paritarias de
sectores afectados y darían entrada, puesto que el Plan refleja que
se trata de un problema de hondo calado social, a los
interlocutores sociales, cosa que no han hecho ni piensan hacer porque se
temen, y con razón, que muchos de esos interlocutores no van a ser
especialmente dóciles ni ayunos de conocimientos como para
permitir que se siga criminalizando lo que no es delito, incluso
pueden no estar dispuestos a que se siga creando el caldo de
cultivo propicio para que se considere punible una conducta que no
merece reproche penal como es el intercambio de
ficheros.
Afortunadamente, existe un tercer peldaño que deberán
abordar los nuevos portavoces in pectore del Gobierno socialista: el
Parlamento.
Sigue siendo un requisito de los Estados de Derecho y,
afortunadamente, pese a los nuevos portavoces in pectore del Gobierno del
PSOE, en ese foro los ciudadanos tenemos mucho que decir, aunque
formalmente sea cada cuatro años, y existen muchos Grupos
parlamentarios dispuestos a escuchar.
En ese sentido, de momento, ya
tienen una piedra en el camino: la propuesta de ley del
Grupo parlamentario popular en el Senado que postula acabar con todas
las interpretaciones interesadas del artículo 25 del vigente Texto
refundido de la Ley de Propiedad Intelectual que podrían imponer un canon
hasta por silbar "obras protegidas" o por disponer de una máquina con
varios programas informáticos y periféricos que
posibilitan escribir estas líneas que, además, pueden terminar en
negro sobre blanco gracias a cualquier otro prodigio de la creatividad
humana, por no mencionar el prodigio de la creación humana que ha
posibilitado leerlas.
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