Lo que presuntamente pretendían llevar a cabo no es delito,
pero les detienen tres días y luego les ingresan en un psiquiátrico. No
hay indicios de relación satánica, pero 'no se descarta'. Las pruebas
materiales pueden servir para suicidarse, o para hacer una paella. Lo denuncia un periódico de Zamora,
provincia que han elegido para el supuesto acto los detenidos, a pesar
de no tener relación alguna con la zona. No se aclara quienes son los
denunciantes o qué pruebas hay de las imputaciones de satanismo. Pero
es que en cuanto se habla de Internet y salen determinadas palabras
clave (suicidio, sectas, satanismo, piratería, por no citar pedofilia o
extremismo político de cualquier signo) las cosas se desbocan...
¿Estarían los detenidos en un hospital si no se hubiesen relacionado
vía Internet?
Vaya por delante que a lo peor los 'Tres de Lober de Aliste' son
miembros de carné de una secta satánica y se disponían a devorarse
mutuamente tras un sangriento sacrificio ritual pactado documentalmente
vía Internet. El asunto está bajo investigación judicial, de modo que
sacar conclusiones sería precipitado e irresponsable.
Pero aunque así fuera, éstas no son formas.
Los hechos conocidos son escurridizos. Tres jóvenes han sido
detenidos e ingresados en un psiquiátrico sin que consten más pruebas
que la palabra de dos periodistas desconocidos y la posesión de líquido
inflamable y carbón de quemar. No hay pruebas de vínculos con sectas o
rituales satánicos, pero el subdelegado del Gobierno en Zamora, Carlos
Hernández, no descarta que el así llamado pacto suicida pueda tener una
'connotación demoniaca' y tenga que ver con 'ritos y prácticas con el
diablo'. En cualquier caso suicidarse no es delito, de modo que se les
acusa de incitarse al suicidio; los unos a los otros.
Suena a que sin vinculación con Internet no hubiese habido detenciones. Suena a los demonios de la Red.
No sería la primera vez que la policía ha lanzado las campanas al vuelo en asuntos relacionados con tecnología sólo para tener que dar marcha atrás meses más tarde,
ante los jueces. Cualquier asunto más o menos delictivo o sucio en el
que Internet juega un papel (por mínimo que sea) tiende a provocar una
desmesurada respuesta mediática, policial y judicial. Es como si el
aroma de Internet contaminase irremediablemente todo lo que toca. Como
si la desconfianza ante la Red facilitase las medidas drásticas, las
acusaciones grandilocuentes, las posturas heroicas.
Puede que una acertada acción de la policía, alertada por dos
intrépidos periodistas, haya impedido un desgraciado suicidio pactado
por Internet. Pero por lo que sabemos también puede que tres jóvenes
'vacilones' que pretendían pasar unos días en una casa rural
practicando la cocina de chimenea hayan acabado en un psiquiátrico por
gastar las bromas que no debían a las personas inadecuadas. Y
especialmente por haberlo hecho en Internet, donde la desconfianza,
aliada con la ignorancia, se transforma con facilidad en miedo, y las
historias crecen fuera de toda mesura.
La libertad de la gente es demasiado importante como para que
esté en función de dónde dicen qué. Cabe preguntarse si los 'Tres de
Lober' estarían a estas horas en el psiquiátrico de Zamora si en lugar
de hablar de suicidios o presuntos satanismos en un 'chat' o un foro de
Internet hubiesen dicho lo mismo en la barra de un bar. Si sus
conversaciones no estuviesen teñidas del aroma de Internet, ¿se
encontrarían en la misma situación hoy? Si dos periodistas fuesen ante
un juez hablando de pactos satánicos, pero sin Internet por medio
¿habría detenciones?
Cabe la duda. Y el mero hecho de que quepa esta duda es
indicativo de que algo serio nos ocurre. Demonizamos la Red con
demasiada alegría; damos crédito con facilidad a cualquier cosa que
leemos, agrandamos el mínimo rumor, hinchamos cualquier hecho fuera de
toda proporción. En el fondo, como sociedad le tenemos miedo a
Internet, en buena parte por ignorancia. Si de verdad queremos algún
día transformarnos en una Sociedad del Conocimiento tendremos que
aprender. Porque incluso si todas las acusaciones lanzadas contra los
'Tres de Lober' resultaran ser ciertas, ésta no es manera de hacer las
cosas.
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