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Espacio ilimitado para el sexo Imprimir E-Mail
escrito por Redacción   
Un escritor mexicano radicado en los EE.UU., Naief Yehya, llegó a la conclusión de que el gran aporte de internet a la sexualidad ha sido el sexo sin contacto, que permite recluirnos en la intimidad sin perder los espacios sexuales. Comparte sus conclusiones, a las que arribó luego de diez años de estudio, a través de su libro “Pornografía: sexo mediatizado y pánico moral”, publicado por Plaza Janés. En menos de una década la red ha modificado el ejercicio de la sexualidad en millones de personas, convirtió en práctica común la masturbación y facilitó la proliferación de grupos con gustos sexuales afines pero minoritarios, como el snuff o el pony-porno, dice Yehya.

Yehya recuerda que antiguamente el arte erótico estaba encerrado en los espacios de la alta burguesía y la gente no tenía acceso a ello, pero hoy está plenamente integrada en nuestras vidas.

“La pornografía surge como cultura cuando, aterrorizados por la idea de que el pueblo iba a adquirir este conocimiento, se desata el pánico moral: va a destruir a la sociedad, va a acabar con nosotros. La pornografía es producto de la tecnología también”, indicó. “Si en el siglo XV la imprenta sirvió primero para publicar biblias, poco después se imprimieron libros libertinos, con estampas, que con el tiempo y el abaratamiento de los costos de impresión fueron pasando a las clases más bajas”, explica.

“El florecimiento pornográfico llegó con la Revolución Francesa, afirma Yehya, cuando se representaba al rey, a la reina, al clero, en situaciones sexuales, siendo sodomizados, realizando fellatios con animales y defecando en público, con la idea de humillar a esos personajes poderosos”.

“Poco después la intención política de la pornografía se fue perdiendo y se empezó a explotar únicamente la vertiente sexual. La gran crisis de la pornografía llegó a partir de 1995 cuando internet rompe fronteras y el mundo de la comunicación se transforma”, recuerda Yehya. “Afloraron las filias, grupos con tendencias sexuales minoritarias que, si antes creían inconfesables sus aficiones, ahora encuentran con ayuda de internet a personas que comparten los mismos gustos que ellos”.

El escritor considera que igual que la pornografía ha aprovechado internet, este medio se ha servido del porno para atraer un público que quiere representaciones sexuales más abundantes, más baratas y más extremas”.

“Internet se ha convertido en el medio más prometedor para la pornografía, añade, lo que conlleva una sexualidad física más al límite, más exigente y con nuevos estándares, especialmente entre los jóvenes, agregó. No piden, no quieren tener sexo porque están satisfechos en permanencia con sus monitores. La masturbación se ha multiplicado y ha multiplicado sus espacios”.
 
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