Para saber más de alguien hay que ‘hacer googling' o googlear (sinónimo
de buscar), porque todo el mundo sabe que si no apareces en Google no
existes. Google ha pasado de ser el buscador más popular a revolucionar
Internet.Para saber más de alguien hay que ‘hacer googling' o googlear
(sinónimo de buscar), porque todo el mundo sabe que si no apareces en
Google no existes. Google ha pasado de ser el buscador más popular a
revolucionar Internet.
Poco se imaginaban los jóvenes Sergey Brin y Larry Page cuando se conocieron, en la primavera de 1995 (con
23 y 24 años, respectivamente), la que iban a montar pocos años
después. Enseguida comienzan a crear juntos un algoritmo de búsqueda de
datos que acabaría siendo el corazón de Google (pronúnciese ‘guguel').
Y un año después trabajan en el buscador BackRub, que en 1997 adopta el nombre Google (por
‘googol': un 1 seguido de 100 ceros). A pesar de vivir flotando en la
burbuja tecnológica, Brin & Page no consiguen ninguna oferta
interesante por su invento —cuentan que Yahoo!
rechazó Google a cambio de un millón de dólares—y deciden tirar por su
cuenta, montando los equipos en el dormitorio de uno y la oficina en el
del otro.
Su robot continúa indexando millones de páginas y
tienen que romper varias veces el cerdito y pedir dinero a familiares y
amigos para comprar discos duros. Por fin, en 1998,
conocen al cofundador de Sun y vicepresidente de Cisco Systems, que,
antes de que terminen de contar su historia, les extiende un cheque de
100.000 dólares a nombre de Google Inc. Así que tienen que crear la
empresa para ingresar la pasta.
En septiembre de 1998 Google
está en la Red y un lustro después ya es de largo el buscador más
popular. Ahora es también una de las marcas más conocidas del planeta,
incluso fuera de la Red.
Ha salido a bolsa con tanto éxito —ya vale 54.000 millones de dólares,
casi 10.000 más que Yahoo!— que hasta alguno dice que está volviendo a
hinchar la burbuja. Mientras extiende tentáculos por doquier mantiene
la imagen de empresa cool, donde los empleados geeks llevan al perro a
la oficina y juegan al ping-pong mientras no dejan de parir nuevas
ideas.
Google es poco más que una página en blanco con un cajetín. Pero hete
aquí que si metes una palabra te escupe los resultados en menos de 0,2
segundos tras buscar entre las más de 8.000 millones de páginas (y 1.200 millones de imágenes) indexadas por su robot (Googlebot).
Pero lo mejor es que los resultados son ‘buenos': su PageRank
—un algoritmo ‘democrático' que valora una página en función del número
de enlaces que apuntan hacia ella— ha convencido a los internautas.
Detrás
de otra de sus grandes virtudes, la velocidad, están 20.000 ordenadores
situados en varios puntos del planeta que trabajan con Linux, capaces
de responder a 2.000 búsquedas por segundo.
Google obtiene dólares de alquilar su tecnología de búsqueda, presente
en infinidad de sitios web. Pero también, y muchos, de colocar anuncios
contextuales: es tan ‘guay' que no admite banners ni pop-ups en su web,
sólo Adwords, enlaces patrocinados relacionados con los términos buscados.
Y además es generoso: mediante el sistema AdSense, cualquier sitio web puede poner anuncios de texto.
Su popularidad ha cambiado Internet: todo se mueve alrededor de un buscador que dirige más de la mitad del tráfico de la Red.
Para
ser alguien hay que aparecer en la primera página de Google, tarea en
la que se afanan todos los webmasters y que ha generado múltiples negocios en torno al ‘posicionamiento' —tú
me pagas y yo te subo en Google— y no pocas trampas: existen ‘granjas
de enlaces' (combatidas y penalizadas por Google) o páginas huecas
creadas por una empresa que cobra por enlazar desde ellas.
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