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Internautas sin privacidad |
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Desde el próximo 31 de julio, una ley obligará a los ISP en
Argentina a guardar todo lo que circula por la Red durante diez años.
De nuevo la vieja concepción de Internet como fuente de todos los males. De nuevo se disponen a pagar los (muchos) justos por unos (pocos) pecadores.
Todo comenzó tras el 11-S; quizás antes, pero en cualquier caso los atentados terroristas en EEUU fueron la excusa perfecta para aplicar cuantas vueltas de tuerca
fueran necesarias al control irrestricto de la Red. La concreción del
viejo aforismo según el cual como mejor se maneja al pueblo es con el
miedo.
Ahora les toca el turno a los argentinos
en eso de pagar el pato. Como allí los secuestros y los casos de
narcotráfico están a la orden del día, a partir del próximo 31 de julio
entrará en vigor una ley
que obligará a los proveedores de Internet a almacenar durante diez
años, bajo supervisión del servicio estatal de inteligencia, todos los
correos u otras comunicaciones electrónicas transmitidas a través de
servidores de Internet. Semejante medida no tiene precedentes en ningún país del mundo, aunque intentos no faltan.
Así, todos los movimientos
que realice un usuario a través de su correo electrónico -incluyendo
contenidos, chats, etc- y cada web que visite quedarán archivados por
los ISP. Se intenta edulcorar el asunto con la afirmación de costumbre:
el acceso a los datos guardados sólo será posible en virtud de resolución judicial.
Insólito: ¿alguien se imagina una norma que forzara a las librerías o
quioscos a llevar un registro de los libros, periódicos y revistas que
compra la gente? ¿Un control para saber si les gusta la novela
histórica, la poesía, la prensa deportiva o las revistas porno? (Basta, no demos ideas).
La ley fue aprobada por el Congreso en diciembre de 2003 de forma chapucera:
prácticamente sin debates y, lo que pone los pelos de punta, sin que
muchos legisladores advirtieran las implicaciones de semejante control.
Y el reglamento ejecutivo de la norma indica que los usuarios no podrán
saber cómo se recoge la información de los sitios por los que navegan.
Literalmente, la norma establece que "los prestadores de los servicios
de telecomunicaciones deberán registrar y sistematizar los datos filiatorios y domiciliarios
de sus usuarios y clientes y los registros de tráfico de comunicaciones
cursadas por los mismos, para su consulta sin cargo por parte del Poder
Judicial y el Ministerio Público de conformidad con la legislación
vigente".
La disposición viene precedida por otra que obliga a las compañías de telefonía a hacer un seguimiento para conocer a quién llaman sus clientes, qué llamadas atienden y dónde se ubicaba el móvil (en el caso de la telefonía móvil) en el momento de la comunicación.
Enrique Chaparro, experto en seguridad informática y criptología, ha
dado en el clavo: "Guardar por las dudas es un principio fascista. Es
el principio de te controlo para que no lo hagas".
Por su parte, Beatriz Busaniche, integrante de la Fundación Vía Libre,
ha dicho que "en la práctica, el registro no es más que el
reconocimiento público de que todos los ciudadanos podemos quedar bajo
vigilancia y, aún peor, que esa vigilancia será realizada por compañías
privadas".
La Cámara Argentina de Bases de Datos y Servicios en Línea -Cabase- ha
presentado un recurso de amparo ante la justicia cuestionando la
constitucionalidad de la ley. Sin embargo, el magistrado interviniente,
Guillermo Rossi, todavía no se ha pronunciado sobre la cuestión. Otro
tema que preocupa a Cabase es la inversión que deberán hacer las
empresas prestadoras de servicios de Internet para adaptarse a la ley,
porque muchas no podrán hacer frente a los 50.000 pesos precisos.
Hay dudas sobre si todo esto es posible en términos técnicos. Pues sí,
lo es. Pero no para el Gobierno argentino, que no tiene precisamente
-como ninguno en el mundo- los mejores profesionales informático/tecnológicos. ¿Se acuerdan de Carnivore y Echelon?
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