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Internet, exportar en clase business Imprimir E-Mail
La globalización ofrece grandes oportunidades de negocio, pero también exige a los empresarios una mayor preparación y amplitud de miras para no perder el tren de los nuevos mercados. La demanda nacional ya no es suficiente y las empresas españolas deben aprovechar el libre comercio y la ampliación de la Unión Europea para aumentar sus ventas. Además, con la tecnología la dimensión de la empresa deja de ser un factor determinante a la hora de competir en el exterior. A golpe de ratón y sin moverse del despacho, un empresario podrá saber si su negocio está preparado para exportar, conocer el mercado más adecuado, establecer los primeros contactos comerciales y sondear la demanda lanzando su producto en la Red sin grandes riesgos económicos ni excesiva dedicación de tiempo o recursos humanos. En definitiva, el mercado empresarial actual está marcado por la inversión en tecnología y la globalización y liberalización, dos aspectos que no deben ser vistos por la pyme como una amenaza sino como aliados para mejorar su posición estratégica, ser más rentables y competitivas.

Desde la integración de España en la UE, el número de empresas que se internacionalizan ha ido en aumento, superando actualmente en 30.000 las que regularmente exportan productos o servicios y sumando 60.000 las que lo han hecho alguna vez. Esta evolución positiva se extrapola también a la cuantía de las operaciones, registrándose en 2004 un incremento del 6% con respecto al ejercicio anterior. Como nota negativa cabe mencionar la excesiva concentración de las ventas al extranjero en manos de las grandes compañías, pues sin bien es cierto que el 93% de las empresas exportadoras en nuestro país son pymes, en realidad el 42% del volumen de las ventas fuera de las fronteras proviene de sólo cien firmas. Por otro lado, cabe señalar que la dedicación de la pyme en comercio exterior es muy irregular y en la mayoría de los casos no representa más del 15% de la facturación total.

Inmiscuirse en un nuevo mercado no es una decisión que deba tomarse a la ligera, pues si bien es cierto que puede suponer una gran oportunidad para el negocio, también es un riesgo que hay que valorar en su justa medida. No se puede salir a tontas y a locas, antes de asomar la cabeza el empresario deberá hacer una introspección de su compañía y plantearse algunas cuestiones básicas. Una vez tomada la decisión de salir al exterior la primera pregunta es conocer si la empresa está preparada para abordar la internacionalización y atender una mayor demanda, es decir, si podrá aumentar el volumen de la producción con unos precios razonables y adaptados a la zona en la que se va a vender y, a la vez, mantener el margen de beneficio; si dispone de recursos técnicos y profesionales suficientes; o si el producto se adecua al mercado del país en cuestión. Para saber si se reúnen las condiciones requeridas para salir al exterior con alguna posibilidad de éxito tanto el ICEX como las Cámaras de comercio disponen de simuladores que ofrecen on-line un diagnóstico sobre las capacidades exportadoras de la compañía.

Pisar sobre terreno firme

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Tras este examen de autoconciencia y si el empresario concluye que desea y puede abrirse a un nuevo mercado fuera de España es el momento de dar el segundo paso en el inicio a la exportación: escoger el destino más atractivo para nuestra oferta. La información es poder y un buen trabajo de investigación al principio facilitará la labor de promoción y ampliará las posibilidades de éxito. En definitiva, es importante que la empresa sepa todo sobre el mercado en el que va a empezar a vender: desde las condiciones políticas y sociales hasta la estabilidad financiera del país. Asimismo, para evitar situaciones comprometidas en las negociaciones es recomendable estudiar algo de la cultura del país e incluso indagar sobre sus habitantes. Conocer las costumbres, hábitos de compra y preferencias de consumo son algunos de los datos que ayudarán a posicionar el producto con criterio y acierto. También hay que cuidar que el nombre de nuestra marca o imagen no resulte ofensivo en el nuevo mercado (hay ocasiones en las que será necesario renovar el nombre del producto, como ocurrió con el todo terreno conocido en España como Montero, mientras que en el resto del mundo se comercializó como Pajero). Por supuesto, no puede faltar en el estudio información sobre la competencia.

Muchas empresas no acaban de decidirse a salir al exterior por miedo a lo desconocido. Es por ello, que este exhaustivo análisis del país destino infundirá confianza en el empresario al saber el terreno sobre el que pisa. Y aunque a simple vista puede parecer una ardua tarea, lo cierto es que hay empresa que nos facilitan un completo estudio de mercado sobre el país objeto de nuestras exportaciones. Pero si el presupuesto es muy ajustado y queremos ahorrar dicho coste para otros menesteres se puede recopilar dicha información fácil y cómodamente navegando por Internet, una vía rápida si se sabe utilizar con inteligencia y sentido común. Por ejemplo, encontraremos datos muy valiosos si acudimos a las cámaras comerciales del país o a los ministerios de asuntos exteriores.

Con los deberes hechos sólo queda ponerse manos a la obra: empezar a vender. En esta fase entran en juego aspectos burocráticos y logísticos. El trámite y las autorizaciones administrativas precisas en la exportación variarán dependiendo de la mercancía enviada y del país de destino. Aquellas zonas de libres de comercio no requieren casi papeleo, sólo las facturas propias para el despacho en la aduana, como es el caso de toda la UE por lo que no es de extrañar que los países vecinos sean los preferidos por las empresas en su internacionalización. No obstante, aunque el trámite para pasar fronteras es complejo en muchos países (códigos numéricos que clasifican la mercancía, certificados de origen, de calidad, de peso, packing list o listado de contenidos del envío, documentos del trasporte, seguro del mismo, etc), el empresario no debe dejarse amedrentar, sobre todo porque la agencia de logística suele encargarse de estos trámites y de automatizar la salida de los mismos desde su compañía.

El idioma parece ser otra de las barreras entre las pymes españolas a la hora de exportar, ya que la falta de dominio del inglés, la lengua estándar en comercio internacional, supone una traba en el proceso de negociación. Sin embargo, gracias al correo electrónico, es posible comunicarse y cerrar acuerdos con unos conocimientos básicos del idioma. Y en caso de requerir un contacto personal, siempre se puede acudir a la ayuda de un intérprete, un servicio que el ICEX pone a disposición de las pymes a través del plan PIPE.

Testear un mercado sin salir de casa

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En todo este proceloso proceso a la exportación Internet es una herramienta imprescindible. Son muchas las pymes que gracias a la Red se están animando a salir al exterio, pues no sólo es un medio estratégico, sino que además facilita la labor de detectar oportunidades en otros mercados, hacer contactos, detectar y enganchar los nuevos clientes, recopilar información de un país y promocionar la empresa, productos y servicios.

Lo más complicado para una empresa cuando se introduce por primera vez en un mercado es romper la barrera del desconocimiento. Es decir, al principio no se es nadie por lo que los primeros pasos deberán dirigirse en ofrecer una imagen de marca y en lograr contactos, ya sean de clientes o de socios comerciales. Las tareas de promoción y marketing son costosas en tiempo y recursos: desplazamientos al país de origen, dedicación exclusiva de una persona para viajar, elevadas facturas telefónicas... y pocas garantías de éxito. En resumen, demasiados riesgo para una pequeña empresa.

Sin embargo, la imagen del comercial yendo, maleta en mano, de aeropuerto en aeropuerto pasó a la historia con Internet, una herramienta que se ha convertido en el mejor aliado para negociar en el exterior. La Red es el mayor escaparate del mundo para cualquier empresa, da igual el tamaño, sólo hay que dejarse ver. "Todo el que busca algo en concreto acaba acudiendo a Internet", razona Víctor de Francisco, director de Reexporta, iniciativa privada de la empresa Think about export que a través de expertos en comercio exterior y en nuevas tecnologías ofrece información práctica sobre la internacionalización.

Contar con una web optimizada y estar correctamente posicionado en los buscadores son las dos normas básicas en la estrategia on-line de exportación. Para lograr que la página en Internet logre su objetivo de llegar al mayor número posible de futuros clientes y aumentar las probabilidades de venta hay algunas directrices que conviene tener en cuenta. La primera, de carácter técnico, es huir de las presentaciones en flash pues aunque lograremos diseños muy vistosos y atractivos este formato no es reconocido por muchos buscadores. Además, si la web es demasiado elaborada se corre el riesgo de que la información pese demasiado y tarde en cargarse. El segundo consejo, es tan lógico como básico: traducir la página al idioma que nos interese, puede ser el del país de origen o en ingles, la lengua por excelencia en los negocios y sobre el cual se registran el 40% de los movimientos en la Red.

Y como última recomendación, De Francisco aconseja huir de las típicas páginas corporativas, dónde la única información que se expone es el nombre de la empresa, su actividad y ubicación, "se trata de tener un sitio que venda, nuestra oferta ha de despertar el interés suficiente para que establezcan un contacto". Y ello, aclara este profesional, no implica necesariamente disponer de una plataforma de comercio electrónico. De hecho, en realidad aunque las ventas a consumidor final a través de Internet (B2C) está despegando, no ocurre lo mismo entre empresas (B2B), donde la negociación sigue produciéndose off-line.

Esta escasa aceptación del comercio electrónico en la negociación entre compañías hace que Internet aún no sustituya plenamente al contacto personal que se produce en una feria. Ambos medios son por tanto complementarios, la ventaja de la Red es disponer de "un canal rápido y menos costoso para establecer contactos que se traducirán en ventas, es una cuestión de aumentar oportunidades para competir, especialmente entre las pymes que cuentan con presupuestos ajustados y tienen que rentabilizar su inversión lo antes posible", explica De Francisco. Así, a través de Internet una empresa puede llegar a lograr unos 300 contactos en un solo mes, "los mismos que si se acude a una feria sectorial con un stand, la diferencia está en el precio", insiste De Francisco.

Por otro lado, si se tiene en cuenta la fase de investigación, imprescindible para introducirse en un nuevo mercado, el ahorro económico, de personal y tiempo es casi del cien por cien, ya que la Red permite recopilar toda la información necesaria en poco más de diez minutos y sin moverse de la oficina.

Si a los beneficios de Internet sumamos las ventajas del corporativismo el resultado que obtenemos un portal sectorial, también conocidos como marketplace. En estos mercados virtuales son un punto de encuentro donde se reúne la oferta y la demanda de empresas de un determinado sector. De esta forma, se convierte en el escenario más adecuado para desarrollar relaciones comerciales eficientes, reducir costes en la búsqueda de clientes y socios, incrementar ventas sin apenas esfuerzo, intercambiar información u ofrecer servicios de valor añadido. Tristemente, no todos los sectores cuentan con un marketplace, pero si al comenzar a exportar damos con uno facilitará enormemente la introducción en dicho mercado, pues en un mismo sitio la empresa tendrá al alcance de un clic a todos los agentes del ese mercado en cuestión. El ICEX dispone de un listado de los mercados virtuales en España y, en la dirección web www.emarketservices.com se pueden acceder a todos los marketplace internacionales.


 
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