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"Si tuviéramos una disponibilidad de presupuesto
como tienen en Estados Unidos..." En el mundo de la investigación es un
lamento común, y se suele decir con razón. Pero seguro que alguna vez
nos podremos aplicar el "Virgencita, que me quede como estoy..."
Seguramente todos hemos oído hablar de Nicholas Negroponte. El Gurú.
Recientemente, en el foro de Davos, Negroponte anunció su intención de
iniciar la comercialización de ordenadores personales por un coste
inferior a los 100 Dolares (ver China
y el Software Libre).
El señor Negroponte tiene un enorme prestigio y ha realizado
seguramente un gran número de aciertos a lo largo de su trayectoria
profesional. Sin embargo, dado que ninguno somos perfectos, quiero
traerlo hoy a colación como ejemplo negativo. Y es en relación a la
actividad que le consume la proporción mayor de su actividad, que es la
de dirigir el MIT Media
Lab, que el mismo impulsó y fundó.
Esta institución, asociada al prestigioso Instituto Tecnológico de
Massachusetts, está centrada en prever la convergencia de ordenadores,
publicaciones y la difusión de contenidos, desarrollando el estudio,
invención y el uso creativo del las tecnologías digitales, para mejorar
las formas en que las personas piensan, se comunican y exploran nuevas
fronteras. Inspirador ¿no es cierto? Dan ganas de mandarles el
currículum.
El MIT Media Lab recibe, como podemos imaginar, cuantiosas aportaciones
de en torno a 90 patrocinadores, que realizan contribuciones generosas
para financiar sus actividades. Echar unos números, a partir de los
datos que ofrecen en su propia web, para estimar el presupuesto anual
de la institución, resulta algo mareante, por lo que no los voy a
incluir aquí. Pero solo diré que si cualquier universidad española
pudiese disponer de una financiación semejante, seguramente le
exigiríamos un premio Nobel al año.
¿Y por qué este retintín mío con esta prestigiosa institución? ¿Por qué
me da ahora a mí por hablar de ellos, que se ganan la vida con el sudor
de su frente y de forma honrada?
Pues únicamente por el ultimo producto que han anunciado públicamente:
Clocky.
Clocky es un "pedazo de tecnología", orientado a un perfil de usuario
muy definido: la gente que le cuesta levantarse por las mañanas. Así
que público potencial no les va a faltar. Seguro que alguno tenéis (o
habéis tenido) un despertador de esos que, cuando suena y le das el
garrotazo, se queda esperando un minuto, y luego vuelve a sonar, con lo
molesto que eso es. Seguro que alguna vez os a pasado que habéis
seguido apagándolo minuto tras minuto, sin despertar del cálido y
agradable abrazo de Morfeo. Pues con Clocky eso no os hubiera pasado.
Cuando a Clocky se le da el garrotazo, el tío (por decir algo) echa a
correr, y es tan listo que cada día termina en un sitio distinto de la
habitación, de manera que la segunda vez que suena, ya no está en el
mismo sitio, y te tienes que levantar para que deje de dar la tabarra.
El ingenio electromecánico viene dotado de dos ruedas para moverse, y
de una cubierta en una espuma marrón que parece un pastel de chocolate,
y que difícilmente deja ver la pantalla del reloj. Imagino que la
misión de la cubierta es proteger el despertador de una caída desde la
mesilla cuando el invento se ponga en marcha. La web del MIT Media Lab
especifica que el invento no se comercializa todavía, pero espero que
cuando lo hagan (si lo llegan a hacer), ofrezcan modelos diseñados por
Agatha Ruiz de la Prada, en plan desenfadado, y por Armani, para la
versión de lujo.
La idea no está mal. Yo no digo eso. Pero no sé si merece la pena
dedicar a una investigadora cualificada de una institución prestigiosa
como ésta, a construir este aparato. Vamos a ver ¿a cuantos les parece
que este es un juguetito propio de un todo-a-cien? ¿No tendría un lugar
de honor junto al trofeo de pesca que canta "Take me to the river..."?
¿O en el estante de la ciber-pecera donde los peces retroiluminados
nadan entre algas y columnas de burbujas casi casi reales?
Y han puesto la noticia del invento en la portada del web. De
verdad, que este tipo de cosas me hacen pensar que andar sobrado de
presupuesto es peor que nuestr, tan frecuente, andar escaso.
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