Hace algunos años cobró fuerza la batalla entre los servicios de correo electrónico gratuito, disponibles para cualquiera que tuviese una conexión a internet.
Estos servicios se popularizaron porque el correo podría ser leído en cualquier parte y no solamente en su computadora (donde normalmente tenemos un programa para administrar los mensajes que llegan y que mandamos).
Hotmail, empresa que antes no tenía nada que ver con Microsoft (quien la compró al ver el éxito que tuvo), regalaba dos megabytes a cada cuenta. Sólo hacía falta llenar unos cuantos datos y ¡listo!, ya teníamos un espacio para mandar y recibir correos. Al ver el éxito, Yahoo! contraatacó y ofreció el mismo servicio, pero con 6 megabytes, el triple que su competencia. Obviamente, la idea se popularizó y muchos portales (casi todos extintos), empezaron a dar cuentas de 10 y 20 megabytes.
Lo bueno Sin embargo, ahí se detuvo el impulso a esta idea.
Con los años, dos megabytes empezaron a resultar insuficientes (hay imágenes que ocupan más que eso), y Yahoo! de nuevo emprendió la batalla otorgando 100 megabytes a cada cuenta, siempre de manera gratuita.
A Hotmail, ahora como parte de Microsoft, no le gustó nada esta política de su acérrimo competidor y prometió que en unos meses todos sus usuarios tendrían 250 megabytes. Hoy por hoy esta oferta Microsoft la ha cumplido a medias. Algunas cuentas ya disfrutan de ese beneficio, pero otras no. Y lo sé de cierto: la mía aún es de 2 megabytes. Curiosamente, al anunciar Microsoft su nueva política de espacio para sus servidores gratuitos de correo, decidió, de golpe y plumazo, incrementar a 250 megas el espacio por usuario. Así, de un día para otro, la guerra por obtener más clientes de correo gratuito se reavivó.
Pero aquí no paró la cosa. Google, el buscador más famoso en el mundo decidió entrar a este mercado y empezó su sistema de Gmail con 1 gigabyte de espacio, 4 veces lo que ofrecían sus competidores. Para hacer las cosas más interesantes, la gente de Google empezó a repartir invitaciones para obtener cuentas de Gmail a unos cuantos usuarios. En la medida que la base de internautas crecía, a cada uno de ellos le daban invitaciones. Así, con esta idea selectiva, o mejor dicho, elitista, Google empezó a popularizar su sistema de correo, porque ya era una cuestión de status tener cuenta en Gmail.
Lo malo Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. Por ejemplo, Hotmail y Yahoo! ponen publicidad en sus mensajes (seguramente así se sostiene este servicio gratuito para los usuarios). En cambio Gmail, aunque da más espacio, no permite archivos con extensiones “zip” o “exe”. De esta manera, si queremos mandar un archivo comprimido, tenemos que cambiarle la extensión a “sip”, por ejemplo, para que Gmail no se queje. Se supone que, además, la gente de Google se había inventado un sistema que “leía” los correos de sus usuarios y si veía palabras como “computadora” o tecnología”, por ejemplo, asumía que a dicho usuario le gustaban las computadoras y el sistema mandaba propaganda específica sobre esos temas. Esta intención ha sido rechazada abiertamente por los seguidores de Gmail y aparentemente Google ha decidido eliminar ya esta posibilidad.
Lo feo Por la naturaleza gratuita de estos sistemas, las compañías que dan este servicio tienen una cláusula que dice, más o menos, que sus sistemas pueden no estar disponibles en algún momento, o bien, que se reservan el derecho de borrar cuentas por mal uso o por no ser usadas de acuerdo con sus políticas, o porque simplemente el proveedor decidió borrarla sin dar explicaciones. Así que, si tiene información valiosa, no confíe demasiado en estos servidores de correo gratuito.
Mientras esta guerra sigue su curso, los beneficiados somos los usuarios. La enorme competencia por este tipo de servicios da amplias posibilidades a quienes confían en estos sistemas. Quizás en unos pocos años ya un gigabyte sea poca cosa.— Manuel López Michelone, de Apro |