Los ciberdelincuentes pueden
utilizar esta información para solicitar tarjetas de crédito bajo
nombres falsos o apropiarse de la identidad de estas personas para
otros fines ilegales.
La
abundancia de información personal que existe en Internet hace que el
robo de identidad sea hoy más preocupante que nunca, como prueban los
asaltos a universidades y empresas en las últimas semanas.
Alarmadas ante la ola de robos de identidad,
las autoridades estadounidenses pidieron esta semana a las
instituciones bancarias que tomen medidas más estrictas para reducir
estos fraudes.
Se trata de que los bancos avisen al Gobierno y
a sus clientes en cuanto sospechen que se han producido casos de robo
de identidad, un delito que en todas sus modalidades afecta al 12 por
ciento de los estadounidenses y genera costes de más de 50 mil millones
de dólares anuales, según la Comisión Federal de Comercio.
Entre los afectados, no obstante, no sólo se
encuentran bancos sino también varias universidades de EU que han sido
presa en los últimos días de ataques de este tipo.
Aunque todavía no está claro qué es lo que
buscaban, esta semana se supo que unos "hackers" o piratas informáticos
se introdujeron en el sistema informático de la Universidad Estatal de
California en Chico y consiguieron acceso a datos personales de 59 mil
individuos.
Un portavoz de la institución educativa señaló
que el centro ya ha avisado a la mayoría de los afectados -alumnos,
antiguos alumnos y profesores- de que sus nombres y números de la
Seguridad Social (el equivalente al carné de identidad en otros países)
puede encontrarse en manos de piratas informáticos.
Mientras tanto, la semana pasada se tuvo
noticia del asalto a una base de datos donde el Boston College, en
Massachusetts, almacena información sobre 100.000 ex alumnos.
Tampoco en este caso se conoce lo que buscaban
los intrusos, ya que colocaron un virus que permitiría lanzar ataques
informáticos desde la computadora donde se almacena la base de datos.
Unos días antes, salió a la luz el golpe contra
Lexis-Nexis, en el que los "ciberestafadores" se hicieron con
información de unas 32 mil personas almacenados en la base de datos de
una filial de la compañía.
Mientras tanto, ChoicePoint, otro gigante de
las bases de datos, anunció el mes pasado que había entregado a
estafadores que se hicieron pasar por clientes los datos de 145 mil
individuos.
Ante esta situación, no es de extrañar que los
defensores de la privacidad y de los consumidores pidan leyes más
estrictas y un escrutinio mucho mayor a las compañías que compran,
venden y almacenan información sobre los ciudadanos, que no se
caracterizan precisamente por sus miramientos ante los derechos que
éstos tienen.
El problema es que los delincuentes pueden
utilizar esta información para solicitar tarjetas de crédito bajo
nombres falsos, o apropiarse de la identidad de estas personas para
otros fines ilegales.
Entre las voces más críticas se encuentra
Dianne Feinstein, senadora por California y "peso pesado" del Partido
Demócrata, que señaló recientemente que estos hechos demuestran que "la
falta de protección hace posible el robo de identidad a gran escala".
Feinstein lanzó una propuesta de ley que, entre
otras cosas, obligaría a las empresas a notificar los problemas de este
tipo a los ciudadanos, al estilo de la legislación que ya existe en
estados como California.
Al margen de los episodios más recientes, la controversia rodea a estas compañías.
Seisint -propiedad de LexisNexis- es la empresa
que hay detrás del súper ordenador contra el terrorismo llamado
"Matrix", como la película de ciencia ficción.
"Matrix", creado a raíz de los atentados terroristas del 11 de
septiembre del 2001, permitió a las autoridades de este país bucear en
información relativa a millones de ciudadanos para hacerse con los
nombres de posibles terroristas.
El sistema fue muy criticado en su día, ya que
de ahí se extrajeron los nombres de 120 mil personas cuyos datos
supuestamente encajaban con el perfil de un terrorista.
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