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«No sympathy for the governor» |
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En el bastión demócrata que se quedó sin celebrar la
victoria electoral de su senador John Kerry, tampoco se oyó el domingo
por la noche la letra de «Sweet neocon», la canción número 13 del nuevo
disco de los Rolling Stones en la que por primera vez el grupo se hace
una crítica descarnada del gobierno americano. En ella se habla de
Halliburton, de las detenciones ilegales y de las sectas de critianos
evangélicos que han llevado a George W. Bush a la Casa Blanca
(«Vosotros os llamáis cristianos/Yo pienso que sois unos hipócritas»),
pero a la hora de la verdad la banda se ha acobardado. Los poderosos
medios republicanos amenazaban con vetar el disco en sus emisoras, y el
guitarrista Keith Richards, que vive en Estados Unidos, tenía miedo de
las represalias.
Así que no sólo desapareció el
tema del repertorio, sino que se permitió que el actor Arnold
Schwarzenegger y gobernador de California aprovechara su palco para
recaudar fondos electorales a 100.000 dólares por asiento. A las
puertas del estadio, las enfermeras y los trabajadores hospitalarios,
que padecen sus recortes, mostraban pancartas con entradas de películas
en las que pedían «No sympathy for the triturator», entre otras frases
con que las que jugaban con las letras de la banda.
Schwarzenegger
se salió con la suya, pero Jagger le soltó un pildorazo desde el
escenario. «Aquí delante veo gente de California —bromeó—. Al venir le
hemos visto en la puerta vendiendo gorras y camisetas».
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